
A medida que van saliendo nuevas versiones y actualizaciones de los sistemas operativos, como Windows, las versiones más viejas quedan sin soporte. Esto se traduce en que, además de no recibir más actualizaciones, poco a poco los desarrolladores van dejando de lado estos sistemas y hacen que sus aplicaciones dejen de funcionar. Es común verlo con los navegadores web, los antivirus y, como no, con las tiendas de juegos.
















































