
Distros


Si algo caracteriza a Linux es la personalización. Gracias a que se trata de un sistema operativo de código abierto, cualquier usuario u organización puede crear su propia distribución, adaptarla al uso o a las necesidades que crean oportunas, y mantenerla por su cuenta. Así, partiendo de un núcleo común, el Kernel, podemos encontrar una infinidad de distribuciones Linux en la red. Y una de las más estables, pulidas y sencillas que podemos instalar en nuestro ordenador es Fedora.


Aunque la compatibilidad siempre ha sido uno de los pilares fundamentales de Linux, últimamente cuesta mucho encontrar dicha compatibilidad. Sin ir más lejos, hay muchas distros, como, por ejemplo, Ubuntu y Linux Mint (entre otras muchas), que han decidido dar la espalda a las arquitecturas x86, por lo que no ofrecen imágenes ISO de 32 bits que nos permitan instalar estos sistemas operativos en estas arquitecturas. Sin embargo, por suerte, no todas las distros son así.

Como en cualquier sistema operativo, es muy importante asegurarnos de bajar e instalar las nuevas actualizaciones que se liberan para Ubuntu. Estas actualizaciones pueden incluir nuevas características, correcciones de seguridad o mejoras de calidad, estabilidad y rendimiento para permitirnos disfrutar al máximo de esta distro. Por ello, siempre es recomendable actualizar Ubuntu, así como todo su software, de manera que podamos aprovechar al máximo el potencial de este sistema operativo libre.

Ubuntu es la distro Linux más utilizada en todo el mundo. Sin embargo, eso no quiere decir que sea la mejor, ya que Canonical, empresa detrás de su desarrollo y mantenimiento, toma a menudo decisiones que están en contra de lo que quiere la comunidad. Esto hace que los usuarios que ya tienen algunos conocimientos suelan buscar alternativas fuera de esta distro, alternativas más libres y fieles a la filosofía Linux. Y una de las favoritas por los detractores de Ubuntu es Linux Mint.


Uno de los miedos al usar una distro Linux es encontrarnos con que es difícil de usar. Hace muchos años sí es cierto que los sistemas Linux eran difíciles de usar, lo cual generó un miedo que, hasta hoy, sigue estando presente entre los usuarios menos expertos. Sin embargo, hoy en día la mayoría de las distros Linux vienen preparadas para poder usarlas sin ningún tipo de dificultad. Incluso las hay que, estéticamente, son muy parecidas a Windows, como ocurre con Linuxfx Winux.

Arch Linux es una de las distros más estables, seguras y rápidas que podemos encontrar. Sin embargo, a diferencia de otras distros, como Ubuntu, esta no está pensada para un usuario novato, sino que requiere ya de cierto nivel de conocimientos para poder instalarla y usarla en nuestro ordenador.



Cuando compramos un ordenador, normalmente suele venir con Windows como sistema operativo instalado por defecto. Sin embargo, si hemos comprado un portátil relativamente barato, o nuestro equipo tiene ya unos años, puede que empecemos a notar que cada vez Windows va más lento, y cada vez es más pesado trabajar con el portátil. Para solucionar este problema tenemos dos opciones: formatear e instalar Windows de nuevo, o dar una oportunidad a Linux.



