
Gracias las máquinas virtuales, podemos instalar y utilizar cualquier sistema operativo sobre la base del que tenemos instalado, sin necesidad de hacer particiones en el disco. Uno de los usos más habituales de este tipo de software es instalar distribuciones Linux si tenemos la necesidad de utilizar este sistema operativo de forma esporádica además de instalar Windows 11 en equipos que, oficialmente, no son compatibles.














































