
Twitter no está en su mejor momento. No lo estaba hace dos años, cuando Elon Musk compraba la red social, y no lo está ahora, dos años después, cuando ya ha hecho y deshecho lo que ha querido. La compra no tenía mucho sentido más allá de un antojo, y menos cuando las alternativas, como Bluesky o Mastodon, empezaban pisando fuerte. Pero esta semana todas las piezas del puzzle han encajado. Y ya sabemos por qué Musk quiso comprar la red social.












































