Para muchísima gente, Gmail nunca fue una elección como tal: simplemente estaba ahí. Compramos un móvil Android, abrimos una cuenta de Google para descargar aplicaciones, entrar en YouTube o configurar Chrome, y casi sin pensarlo acabamos usando esa dirección de correo para absolutamente todo: trabajo, bancos, redes sociales, compras online, etc. Con el tiempo, Gmail se convirtió en nuestro centro digital: cómodo, rápido, práctico, gratis… pero también en una de esas herramientas que usamos por costumbre sin pararnos demasiado a pensar el precio real de este servicio.