El catálogo de proyectos que ha visto nacer y morir Linux a lo largo de más de tres décadas incluye iniciativas que marcaron etapas muy distintas del sistema. Linux Game Publishing intentó normalizar la venta de videojuegos comerciales, Maemo convirtió al Nokia N900 en un ordenador de bolsillo, Jolicloud imaginó el escritorio en la nube antes de los Chromebooks y Unity 2D aligeró el escritorio de Ubuntu. Ninguno de los cuatro sobrevivió, aunque todos dejaron huella.
Vamos a repasar qué fue cada uno de estos proyectos, por qué acabó descontinuado y qué rastro nos ha dejado en el Linux que usamos ahora. Si utilizasteis alguno en su momento, seguramente reconoceréis varias de sus ideas en herramientas que hoy damos por normales.
Linux Game Publishing lo intentó con los juegos comerciales
A principios de los años 2000, comprar un juego en caja para Linux era todavía una rareza. Linux Game Publishing (LGP) nació en 2001, justo después de que Loki Software, la compañía pionera en portar juegos comerciales al pingüino, echara el cierre. Su planteamiento era portar, publicar y vender videojuegos comerciales para Linux de forma sostenida.
Michael Simms, su fundador, contó que la compañía intentó primero hacerse con los derechos de los juegos que había portado Loki, pero los problemas de licencias impidieron cerrar esa operación para la mayoría de los títulos. LGP tuvo que construir su propio catálogo desde cero y tejer relaciones con desarrolladores y especialistas en portabilidad. Con los años sumó títulos como Postal 2, Majesty: Gold Edition, Cold War, X2: The Threat, X3: Reunion, Sacred: Gold Edition, Shadowgrounds y Shadowgrounds Survivor.
La actividad de LGP fue decayendo hasta que la compañía dejó de operar como editora activa, aunque su sitio web se restauró más adelante como archivo navegable. Si utilizasteis Linux en aquellos años, es posible que recordéis haber comprado alguno de esos títulos antes de que existieran Steam, Proton o los ports nativos que hoy consideramos habituales. LGP fue una de las pocas apuestas por el software comercial en Linux, aunque nunca llegó a confirmarse cuánto llegó a pesar realmente ese mercado.
Maemo convirtió al Nokia N900 en un PC de bolsillo
Antes de que Android popularizara los teléfonos basados en Linux, Nokia ya experimentaba con una propuesta mucho más radical para los usuarios del pingüino. Maemo, el sistema que impulsaba dispositivos como el Nokia N900, se apoyaba en tecnologías derivadas de Debian y trataba el teléfono como un ordenador de propósito general, no como un simple terminal de llamadas.
El N900 daba acceso a una terminal real, permitía instalar software adicional y modificar el sistema sin las restricciones que caracterizan a los móviles actuales. Si tuvisteis uno en las manos, sabréis que trastear con él se parecía más a usar un ordenador de escritorio que a manejar un teléfono convencional.
Ese enfoque es precisamente lo que lo hace memorable hoy: Maemo nunca llegó a ser una plataforma móvil mayoritaria, pero mostró cómo podía ser un ecosistema centrado en Linux antes de que los smartphones se convirtieran en plataformas cerradas y controladas casi por completo por sus fabricantes.
Jolicloud ya imaginó el escritorio en la nube
Jolicloud llegó durante la fugaz era de los netbooks, cuando los desarrolladores todavía intentaban averiguar qué debía hacer un ordenador con pantalla diminuta, procesador modesto y almacenamiento limitado. Su respuesta fue apostar con fuerza por las aplicaciones web y los servicios en la nube, algo que hoy suena obvio pero que en aquel momento resultaba casi futurista.
El proyecto trataba de que las aplicaciones y los servicios online se sintieran como una parte unificada del escritorio, en lugar de obligar al usuario a distinguir constantemente entre una aplicación local y una simple página web. Jolicloud capturó, además, un momento muy concreto de la informática: los netbooks estaban en todas partes, la banda ancha se generalizaba y las compañías empezaban a preguntarse si de verdad hacían falta las aplicaciones de escritorio tradicionales.
El proyecto acabó desapareciendo, pero sus ideas de partida se hicieron mucho más comunes después. Los Chromebooks, las aplicaciones web progresivas, las suites de productividad basadas en el navegador y el almacenamiento en la nube normalizaron ese modelo de computación centrado en la web que Jolicloud defendía casi en solitario.
Unity 2D aligeró el escritorio más ambicioso de Ubuntu
Unity suele recordarse como el escritorio más polémico de Ubuntu, aunque Unity 2D merece un lugar propio en esa historia. El Unity original dependía en gran medida de los efectos gráficos y de la composición de ventanas, lo que exigía cierta potencia de la tarjeta gráfica para funcionar con fluidez.
La versión ligera ofrecía una implementación reducida, pensada para los equipos que no podían ejecutar con comodidad el entorno gráfico completo. Permitía a quienes tenían hardware más modesto seguir usando la interfaz de Ubuntu sin sacrificar por completo la experiencia de uso, en una época en la que no todos los ordenadores estaban preparados para la composición tridimensional del escritorio.
Con la llegada de equipos más potentes, la necesidad de mantener esa versión reducida se fue diluyendo. Steam y Proton han hecho hoy considerablemente más fácil el gaming en Linux, un terreno en el que Unity 2D nunca llegó a intervenir directamente, pero que sirve para medir cuánto ha cambiado el hardware disponible desde entonces.
Qué queda hoy de aquellos proyectos
De los cuatro proyectos, LGP es el que conserva un rastro más accesible: su sitio web se restauró como archivo y permite repasar el catálogo de juegos que llegó a comercializar en aquellos años. Maemo, Jolicloud y Unity 2D, en cambio, no mantienen una versión oficial activa a la que recurrir hoy.
Lo que sí parece haber perdurado es la idea de fondo de cada proyecto. La ambición de vender software comercial para Linux encontró después otro camino con Steam y Proton, y la propuesta de un escritorio apoyado en la nube reapareció con los Chromebooks y las aplicaciones web progresivas. Ninguno de estos cuatro proyectos regresó, pero si os fijáis en las herramientas que usáis hoy, veréis que varias de sus ideas siguen ahí, aunque con otro nombre.
