Windows 11 incluye una función de compresión NTFS capaz de recuperar decenas de gigas de espacio en disco sin que notéis cambios en el día a día. Quedarnos sin espacio es uno de los contratiempos más habituales, sobre todo si elegimos configuraciones de almacenamiento ajustadas para abaratar el precio del portátil. Repasamos cómo activarla, qué margen de espacio puede liberar y qué coste tiene para el procesador.
La compresión NTFS no funciona como un archivo ZIP que hay que extraer antes de usar. Windows almacena los datos en un formato más compacto y los descomprime al vuelo en el instante en que abrimos cada archivo, de forma completamente transparente para vosotros.
Qué hace la compresión NTFS en Windows
El archivo comprimido conserva el mismo aspecto, el mismo nombre y el mismo comportamiento de siempre: lo único que cambia es la forma en que se guarda en el disco. Windows se encarga de descomprimirlo automáticamente en el instante en que lo abrimos, así que no hace falta que extraigáis nada a mano ni que gestionéis carpetas comprimidas por separado, como ocurre con un archivo ZIP tradicional.
Con los precios de almacenamiento y memoria RAM todavía elevados, esta función se convierte en una vía sencilla para aprovechar mejor los equipos con menos capacidad, tanto en Windows 11 Home como en Windows 11 Pro. No hace falta recurrir a un disco externo ni a ningún servicio en la nube: el ahorro se queda dentro del propio equipo, y podemos aplicarlo a una carpeta concreta o a la unidad entera según lo que os interese en cada momento, sin depender de ningún software adicional.
Espacio real de disco recuperado con la función
En una prueba con un PC que tenía más de 300 GB de datos ya almacenados, activar la compresión en toda la unidad libera casi 70 GB. Es una cifra notable, equivalente a miles de documentos o a un buen número de aplicaciones adicionales que podríamos instalar sin preocuparnos por el límite del disco, algo especialmente útil en portátiles con unidades de poca capacidad.
Windows estimó al principio que el proceso tardaría más de nueve horas en comprimir cada archivo de la unidad, aunque terminó completándose en torno a las dos horas. El resultado final depende mucho del tipo de contenido guardado: las fotos, los vídeos y los archivos ya comprimidos, como los ZIP o la mayoría de formatos multimedia, apenas se reducen de tamaño, así que esos 68 GB funcionan como referencia de lo que podéis esperar con una mezcla variada de archivos, no como una cifra garantizada para cualquier equipo.
Cómo activar la compresión en una unidad de disco
Activarla no exige herramientas adicionales ni conocimientos técnicos avanzados. Abrimos el Explorador de archivos, entramos en Este equipo, hacemos clic derecho sobre la unidad que queremos comprimir y elegimos Propiedades. Si el disco usa el sistema de archivos NTFS, aparece cerca de la parte inferior de esa ventana la casilla Comprimir esta unidad para ahorrar espacio en disco. Esta opción está vinculada al sistema de archivos NTFS, así que si la unidad usa otro formato, como exFAT, es posible que no la encontréis disponible.
Al marcarla y confirmar los cambios, Windows empieza a comprimir el contenido ya existente en la unidad, un proceso que puede tardar desde minutos hasta varias horas según la cantidad de datos almacenados. A partir de ese momento, cualquier archivo nuevo que guardemos en esa unidad se comprime automáticamente, sin que tengamos que repetir el proceso ni configurarlo de nuevo. Si tenéis dudas sobre cuánto espacio habéis recuperado, podéis comprobarlo comparando el espacio libre de la unidad antes y después del proceso.
Comprimir toda la unidad o solo carpetas concretas
Comprimir el disco entero es la vía que más espacio libera, pero también la que más tarda en completarse la primera vez, ya que Windows revisa y reescribe todos los archivos existentes en segundo plano. Si el equipo guarda cientos de gigabytes, conviene dejarlo trabajando mientras no lo necesitamos para otra tarea, ya que el proceso puede extenderse durante varias horas.
Si preferimos un enfoque más selectivo, podemos comprimir solo carpetas concretas, como Documentos o Descargas, entrando en sus Propiedades y accediendo a Opciones avanzadas para marcar ahí la casilla de compresión. Es un paso con algo más de clics, pero deja el resto del sistema y las aplicaciones que necesitan máxima velocidad sin tocar. Tanto al comprimir una carpeta como al comprimir una unidad completa, Windows nos deja decidir si la compresión se extiende también a sus subcarpetas, lo que da bastante margen de control sobre qué datos quedan afectados y cuáles no.
Cuánto afecta al rendimiento del PC
El procesador es quien se encarga de comprimir y descomprimir cada archivo cada vez que lo abrimos o lo guardamos, así que consume algunos ciclos de CPU y puede añadir una fracción de segundo adicional al proceso. En ordenadores con procesadores recientes esa diferencia resulta prácticamente imperceptible durante el uso normal del equipo, y una vez que el archivo se ha cargado en memoria no vuelve a descomprimirse mientras seguimos trabajando con él.
Solo en equipos con procesadores muy limitados o ya desfasados podría notarse cierta pérdida de fluidez al navegar por carpetas con muchos archivos comprimidos o al abrir programas especialmente pesados. Si detectáis ese tipo de ralentización, limitar la compresión a carpetas puntuales, como hemos explicado antes, os ofrece buena parte del ahorro de espacio sin arriesgar la velocidad en las tareas que más la necesitan. La decisión final depende más de la antigüedad del hardware que de la compresión en sí misma.
