Windows 11 ha añadido una nueva herramienta de recuperación llamada Point-in-time restore, capaz de devolver el equipo a un estado anterior eliminando no solo los cambios del sistema, sino también los archivos personales y las aplicaciones instaladas después de ese punto. La función viene activada por defecto en la mayoría de los equipos y genera un punto de control cada 24 horas, por lo que amplía de forma notable lo que ofrecía el clásico Restaurar sistema.
Point-in-time restore trata el equipo como un todo: documentos, programas y configuración vuelven exactamente al estado que tenían en el momento elegido, algo que la restauración tradicional no hace porque respeta la carpeta de usuario.
Qué borra Point-in-time restore, la nueva función
La diferencia entre ambas herramientas está en qué toca cada una. Restaurar sistema revierte cambios del sistema operativo sin tocar vuestra carpeta de usuario, así que conserváis documentos y aplicaciones tal cual estaban. Point-in-time restore no hace esa distinción: cualquier documento creado o programa instalado después del punto de recuperación se borra junto con los cambios del sistema, lo que la convierte en una opción más drástica pero también más completa.
Restaurar el sistema suele depender de eventos concretos, como una actualización de Windows u otro cambio importante, además de los puntos que podáis crear de forma manual. Point-in-time restore, en cambio, genera una copia del estado del equipo cada 24 horas de forma automática. En las ediciones Enterprise de Windows 11 ese intervalo puede reducirse a 6 o incluso 4 horas.
La contrapartida llega por el lado de la retención: los puntos se eliminan automáticamente pasadas 72 horas, así que la función no sirve para recuperar un estado de hace una semana o un mes. Restaurar el sistema no impone ese mismo límite de tres días. El borrado automático también evita que Point-in-time restore consuma espacio de forma indefinida, así que no hace falta ir liberando sitio manualmente.
Cómo configurar el almacenamiento en el disco
Point-in-time restore viene activada de fábrica en la mayoría de los equipos. Las excepciones son los sistemas con menos de 200 GB de almacenamiento y aquellos gestionados por una organización, donde son los administradores quienes controlan la configuración.
Para revisarla o modificarla, hay que ir a Configuración > Sistema > Recuperación > Point-in-time restore y pulsar en «Ver o editar». Ahí aparece un control deslizante para fijar el espacio máximo que la función puede ocupar, junto con el espacio que ya está usando en ese momento. Salvo en Windows 11 Enterprise, los menús de frecuencia y retención aparecen bloqueados; lo único que se puede ajustar en Home y Pro es el almacenamiento. Cuanto más espacio le deis, menos puntos antiguos tendrá que borrar antes de llegar al límite de las 72 horas. En ese mismo menú podéis ver el listado de puntos generados, aunque solo sirve para consultarlo, no para restaurar desde ahí.
Cómo recuperar el equipo en Windows 11
Para usar Point-in-time restore hace falta arrancar el equipo en modo de recuperación. Restaurar el sistema, en cambio, suele ejecutarse directamente desde el escritorio, aunque también está disponible desde el propio entorno de recuperación si Windows no arranca con normalidad. Una vez en modo de recuperación, hay que ir a Solucionar problemas > Point-in-time restore para ver la lista de puntos disponibles.
Si el disco está cifrado con BitLocker, el proceso pedirá la clave de recuperación antes de mostrar las opciones, así que conviene tenerla localizada de antemano. Elegido el punto, solo queda seguir las instrucciones en pantalla. El proceso no es complicado, aunque implica más pasos que el Restaurar sistema clásico.
La ventana de tres días es la razón principal para no desactivar Restaurar sistema. Si un problema pasa inadvertido más allá de esas 72 horas, Point-in-time restore ya no podrá revertirlo, mientras que Restaurar sistema no está sujeto a ese mismo límite temporal. Las dos herramientas cubren escenarios distintos: una prioriza la rapidez y el rebobinado completo en los primeros días tras un fallo; la otra ofrece un margen más amplio, aunque limitado a los cambios del sistema. Usarlas juntas cubre tanto los sustos que detectáis pronto como los que tardan más en salir a la luz.
