No cabe duda de que el navegador web que nos propone el gigante de las búsquedas, Google, es el líder indiscutible del sector. Pero eso no quiere decir que sea la mejor alternativa de la que podemos echar mano en todas las circunstancias.
Y es que al mismo tiempo, aunque es la opción elegida por la mayoría de los usuarios en todo el mundo, las críticas referentes a Chrome son constantes. Buena parte de las mismas hacen referencia al alto consumo de recursos que se lleva a cabo de manera habitual, o a la poca privacidad que nos proporciona el programa.
Mientras que otras propuestas como Mozilla Firefox apuestan desde sus inicios por proporcionar la máxima seguridad y privacidad a sus usuarios, el programa de Google es diferente. De hecho, estos problemas se hacen incluso extensibles a buena parte de las plataformas de la misma empresa. Todo ello a pesar de que el gigante tecnológico proporciona a sus millones de clientes, de forma periódica, funciones que prometen mejorar la privacidad del usuario.
Sin embargo, muchos apuntan hacia una función en concreto de la que carece esta solución software para movernos online, y que sí pone a nuestra disposición su más directa competencia. En concreto nos referimos a que Google Chrome prácticamente no ofrece defensas nativas contra la llamada huella digital de los navegadores. El problema aquí es que todo lo contrario sucede con otros navegadores como Brave, Firefox o Tor.
Qué es la huella digital de los navegadores web
En comparación, las funciones nativas que Google ofrece en Chrome para proteger a los usuarios contra la huella digital del dispositivo y del navegador, son mucho menores. Esto nos lleva a la conclusión de que la empresa abandonó hace tiempo sus planes para mejorar la privacidad en su proyecto.
Para aquellos que no sepáis bien de lo que os hablamos en este caso, mencionar que la huella digital del navegador es el rastro que el programa deja en las webs que visitamos. Es similar a lo que nuestras huellas hacen en la vida real, es decir, son únicas y proporcionan datos de seguimiento a los navegadores que son exclusivos de cada usuario y sus equipos.
Es fácil imaginar que esta huella del programa dificulta el anonimato en Internet que muchos buscan al navegar. Esto funciona generando una huella digital única para cada usuario, obteniendo datos de su sistema operativo, GPU, CPU y otros componentes de hardware del dispositivo como tal.
El problema se debe principalmente a la evolución de los navegadores más modernos. Ahora son mucho más que simples herramientas de acceso web, ya que funcionan como plataformas completas que gestionan inicios de sesión, almacenan contraseñas, sincronizan datos entre dispositivos y rastrean la actividad del usuario.
Eso sí, a diferencia del malware, que suele generar alertas inmediatas, el rastreo a nivel de navegador a menudo está integrado en su funcionalidad principal. En gran medida depende de la recopilación de información del usuario que se haga de forma predeterminada. Así, los navegadores se convierten en una especie de centro de datos confidenciales al recopilar desde el historial de navegación y los tokens de sesión.
A todo ello se suman las credenciales guardadas y las huellas digitales del equipo, lo que puede provocar serios problemas relacionados con la privacidad. Incluso la situación puede empeorar en Chrome, ya que incluye las API de Canvas, audio, WebGL, y otras completamente desprotegidas. Esto significa que todos esos datos únicos del usuario podrían ser accesibles online por parte de terceros.
Por el contrario, otros programas como Mozilla Firefox ofrecen cierta resistencia nativa contra la huella digital. Brave, por su parte, ofrece una protección de privacidad aún mejor gracias a su función Farbling integrada. Esta bloquea los scripts de huella digital conocidos y cambia la salida para que se modifique en cada nueva sesión. Finalmente, Edge también ofrece más que Google Chrome en este sentido gracias a su función de Prevención de Rastreo que limita el rastreo de huellas digitales al navegar.
