The Document Foundation (TDF), la fundación que desarrolla LibreOffice, acaba de publicar una entrada en su blog que acusa a Microsoft de manipular el proceso internacional de estandarización de su formato Office Open XML (OOXML). La fundación recupera la polémica que rodeó la aprobación del estándar en la ISO entre 2006 y 2008, cuando ya existía el formato abierto ODF, y señala irregularidades en varios comités nacionales.
En ese texto, TDF sostiene que Microsoft aprovechó debilidades del propio procedimiento de la ISO, presionó a los comités nacionales de normalización y logró tramitar una especificación tan extensa que resultaba casi imposible revisarla con el rigor habitual. La fundación sitúa estas acusaciones dentro de la disputa que arrancó en 2006, cuando Microsoft buscó el sello ISO para OOXML pese a que el Open Document Format (ODF) ya figuraba como estándar internacional reconocido.
Así empezó Microsoft a desarrollar OOXML
Según repasa la propia TDF, Microsoft empezó a trabajar en un formato de documento basado en XML alrededor del año 2000. El objetivo declarado era modernizar los formatos DOC, XLS y PPT, que hasta entonces se limitaban a volcar directamente el contenido de la memoria del programa al disco y habían quedado desfasados frente a la evolución de Office.
La fundación matiza que crear un estándar abierto no formaba parte del plan inicial. Para sustentarlo, recoge, en una versión ligeramente abreviada, un memorando interno que se atribuye a Bill Gates: «permitir que los documentos de Office se puedan visualizar muy bien en los navegadores de otras personas es una de las cosas más destructivas que podríamos hacer para la empresa; tenemos que asegurarnos de que los documentos de Office dependan de capacidades propietarias». Con esa cita, TDF quiere mostrar que la dependencia de formatos propietarios formaba parte de la estrategia de Microsoft años antes de que OOXML llegara a la mesa de la ISO.
Los comités que TDF señala por el presunto amaño
El grueso de la denuncia actual se centra en cómo cambió la composición de los comités nacionales de normalización justo antes de las votaciones decisivas, un movimiento que TDF describe como determinante para el resultado final. La fundación afirma que, en Portugal, el comité de estándares sumó numerosos miembros vinculados a Microsoft en el tramo final del proceso, justo cuando se acercaba la fecha límite para emitir el voto. Este tipo de alteraciones en la composición de los comités es, según TDF, el mecanismo que permitió sacar adelante una especificación que, por su extensión, resultaba difícil de revisar con el rigor habitual del proceso ISO.
En Italia, según la fundación, el número de integrantes del comité pasó de apenas cinco a ochenta, entre ellos representantes de los socios legales y de relaciones públicas de la compañía. Martin Bryan, que coordinaba entonces un grupo de trabajo de la ISO, criticó la llegada de estos nuevos participantes: en su opinión, mostraban más interés en acelerar la aprobación de OOXML que en examinar a fondo una especificación de semejante tamaño. Para TDF, estos cambios no respondieron a un interés técnico en el formato, sino a la necesidad de sumar votos suficientes para que la propuesta de Microsoft saliera adelante en la votación final.
Qué pasó con la aprobación de OOXML en la ISO
Pese a la polémica, OOXML obtuvo finalmente la aprobación de la ISO en 2008. El organismo rechazó después los recursos que distintos países presentaron para impugnar la decisión, y el formato quedó consolidado como estándar internacional junto al ya existente ODF, pese a las dudas planteadas durante el proceso de votación. Desde entonces, la ISO reconoce dos estándares distintos para documentos de oficina, OOXML y ODF, una coexistencia que TDF considera el origen de buena parte de la fragmentación que sufre hoy el sector.
TDF ya había cuestionado en el pasado el formato de Microsoft, sobre todo por sus implicaciones para la soberanía digital de administraciones y empresas que dependen de software de oficina en su trabajo diario. La entrada publicada ahora no plantea una impugnación legal nueva: reconstruye el proceso para argumentar que las consecuencias de aquella aprobación siguen condicionando el trabajo con documentos de oficina casi dos décadas después, algo que la fundación considera relevante para el debate actual sobre estándares abiertos.
Los documentos de Office a LibreOffice siguen fallando
Para TDF, buena parte de los problemas de compatibilidad actuales arrancan en una decisión posterior a la propia aprobación de la ISO: Microsoft Office 2010, lanzado dos años después de que el organismo diera luz verde al formato, se apoyó en la versión transicional de OOXML en lugar de adoptar por completo el formato estricto que acababa de aprobar.
La fundación sostiene que esa dependencia continuada de la variante transicional ha contribuido a los errores que aparecen al intercambiar archivos entre Microsoft Office, LibreOffice y otras aplicaciones de productividad que sí intentan ajustarse a la especificación estricta. LibreOffice ha señalado en concreto a Microsoft como responsable de los fallos que surgen al representar gráficos cuando un documento de Office se abre en programas de la competencia. La fundación insiste en que este desajuste entre la especificación aprobada y la que realmente usa Microsoft es, a su juicio, el origen técnico de buena parte de las incidencias que reportan los usuarios al trasladar documentos entre programas distintos.
Qué propone TDF en lugar de mantener dos formatos
TDF defiende que Microsoft y el resto de fabricantes de software deberían haber dedicado sus recursos a mejorar el estándar ODF ya existente, en lugar de desarrollar un formato propio que terminara compitiendo con él en el mismo terreno y dividiendo a la comunidad de usuarios de ofimática.
La fundación concluye que aquella decisión sigue minando la interoperabilidad entre programas, limita la capacidad de elección de los usuarios y debilita lo que denomina soberanía digital: el margen de administraciones y empresas para no depender de un único proveedor a la hora de guardar y compartir sus documentos.
La reivindicación llega mientras Microsoft retira Publisher, su aplicación de autoedición, y LibreOffice se posiciona como alternativa para abrir y conservar archivos .pub. Para TDF, ese movimiento reciente confirma que la discusión sobre formatos de documento, abierta hace casi veinte años en la ISO, sigue decidiendo qué programas pueden leer lo que escribe el resto del sector.
