Unas declaraciones de The Document Foundation acerca de la vida útil de su proyecto de código abierto LibreOffice han llamado mucho la atención, especialmente mientras compara todo ello con su más directo competidor. Hablamos de la popular suite Office de Microsoft
De hecho, ahora acaba de explicar por qué LibreOffice no caduca nunca, frente al fin de soporte, por ejemplo, de Office 2021. Esto es algo que se producirá el próximo día 13 de octubre de 2026. Además, de manera paralela aprovecha para defender el formato de archivo ofimático, ODF.
Os contamos todo esto porque The Document Foundation ha salido al paso del calendario que Microsoft ha fijado para Office 2021 con un mensaje muy directo. Asegura que la suite LibreOffice no tiene fecha de caducidad. La fundación alemana que desarrolla el proyecto libre que os contamos, acaba de publicar un comunicado en el que defiende que su modelo de código abierto y el formato ODF garantizan que nuestros documentos sigan siendo legibles dentro de varias décadas. Todo ello al margen de las decisiones comerciales de terceros.
El aviso llega justo cuando el calendario de Microsoft empieza a apretar. El próximo 13 de octubre de 2026, Office 2021 dejará de recibir actualizaciones de seguridad y correcciones. El programa seguirá abriéndose y seguirá abriendo nuestros archivos, pero a partir de esa fecha pasa a ser, según TDF, un pasivo más que un activo. La única vía que Microsoft anuncia para continuar usando software es suscribirse a su modelo 365.
La fundación no lo interpreta como un fallo puntual del modelo de licencias de la compañía, sino como el propio funcionamiento previsto de ese modelo. Frente a ese calendario, TDF sostiene que nos encontramos ante dos maneras distintas de entender la continuidad de un documento. Una sujeta a las decisiones comerciales de un único proveedor y otra abierta por diseño, sin fecha de expiración posible.
Por qué la suite libre no impone un fin de soporte
Bajo su punto de vista, LibreOffice no tiene fecha de fin de soporte porque, según la fundación, no existe ningún proveedor con la autoridad para fijarla. El código es público, el desarrollo lo sostiene una comunidad internacional de programadores y voluntarios, y la gobernanza recae en una organización sin ánimo de lucro que no depende de ingresos por licencias.
El ciclo de lanzamientos funciona de forma distinta al de Microsoft, en cuanto se cierra una versión, la siguiente queda disponible gratis para cualquiera que quiera instalarla, sin distinción entre los que han pagado y los que no. La diferencia con el calendario de Office, según TDF, no es cosmética. Su política de ciclo de vida es un instrumento comercial, con una fecha que no se descubre sino que se elige, y que marca el momento en que seguir usando un software ya pagado deja de resultar aconsejable, precisamente para convertir licencias perpetuas en ingresos recurrentes. LibreOffice, al no depender de un propietario único, no puede emitir un aviso equivalente.
El estándar ODF frente a OOXML: qué garantiza la lectura a largo plazo
Detrás del debate sobre el soporte hay algo más determinante, el formato en el que están escritos los documentos. LibreOffice utiliza por defecto OpenDocument Format (ODF), un estándar ISO mantenido por OASIS cuya especificación es pública y completa, y que cualquier desarrollador puede implementar hoy o dentro de cuarenta años.
OOXML, pese a contar también con un número ISO, no ofrece las mismas garantías en la práctica, sostiene TDF. El estándar aprobado y el formato que realmente escribe Microsoft Office se han distanciado, de modo que las implementaciones de terceros solo logran aproximaciones. Eso explica que un documento complejo pierda calidad al moverlo entre suites. La responsabilidad, según la fundación, es siempre del programa que no escribió el formato en primer lugar. La consecuencia práctica es que un archivo en OOXML depende de que la relación comercial con una sola empresa se mantenga indefinidamente; uno en ODF, no.
Los responsables del proyecto insisten en que un documento moderno es un componente estructurado, con marcado, estilos y objetos incrustados, no papel digitalizado. Por eso, sostienen, archivos como contratos, historiales médicos o legislación deberían cumplir las mismas exigencias de apertura que cualquier otro software crítico.
