The Document Foundation ha publicado LibreOffice 26.8 y, de paso, ha zanjado una duda que lleva tiempo circulando entre su comunidad: la suite seguirá sin inteligencia artificial generativa integrada, y no por falta de medios técnicos. Según explica la fundación, se trata de una decisión deliberada que convierte esa ausencia en un argumento de privacidad frente a plataformas como Microsoft 365.
Os contamos los detalles porque la nueva versión puede descargarse de forma gratuita desde la web oficial del proyecto, y porque la fundación ha querido responder directamente a quienes interpretaban la falta de funciones generativas como un retraso de desarrollo. No es el caso: desde The Document Foundation sostienen que mantener la suite libre de IA integrada es, en sí mismo, parte de su propuesta de valor, por delante de cualquier tendencia de mercado.
LibreOffice 26.8 deja la IA fuera de su código base
Con esta actualización, The Document Foundation reafirma su hoja de ruta: ningún modelo generativo formará parte del núcleo de LibreOffice, al menos por ahora. La aclaración llega después de que parte de los usuarios interpretara ese silencio como un síntoma de falta de recursos o de rumbo técnico.
Nada de eso, según la fundación. Mantener la suite sin IA integrada responde a una postura consciente de no sumarse al paradigma actual de integración masiva, en el que prácticamente cualquier software (desde sistemas operativos hasta electrodomésticos) incorpora alguna capa de inteligencia artificial, con frecuencia más por marketing que por utilidad real. The Document Foundation prefiere no comprometer la soberanía de los documentos que millones de personas gestionan a diario.
Si nos fijamos en el tono del comunicado, no hay rastro de rechazo visceral hacia la tecnología: lo que plantea la fundación es una condición de entrada que, por ahora, ninguna oferta comercial cumple. Esa es la diferencia que marca el resto del artículo: no es una renuncia, es un filtro.
Las condiciones que LibreOffice exige para integrar IA
Para que esto cambie en algún momento, la fundación ha fijado un marco de seis requisitos que considera innegociables. Cualquier integración de inteligencia artificial, venga de donde venga, tendrá que cumplirlos todos, no solo algunos. De momento, según afirma la propia entidad, ninguna solución comercial de IA satisface el conjunto completo de condiciones, y por eso no hay planes de activar nada de serie en el código base.
El primer bloque de exigencias gira en torno a quién decide y qué sale del equipo. La fundación pide control total del usuario sobre el lugar donde se ejecuta la inferencia del modelo, prohibición absoluta de enviar cualquier dato a la red sin autorización previa y mantenimiento íntegro de la política de cero telemetría que ya caracteriza al proyecto. Así, ni el texto que se escribe ni los metadatos del documento saldrían del ordenador hacia servidores externos sin que el usuario lo hubiera consentido explícitamente, la misma lógica que ha guiado siempre a LibreOffice.
El segundo bloque busca evitar el cautiverio tecnológico. Los desarrolladores piden interoperabilidad con múltiples proveedores, de forma que ninguna integración futura dependa de un único fabricante, y compatibilidad íntegra con las estructuras del estándar abierto ODF, el formato nativo de la suite. La última condición, que la IA sea completamente opcional, resulta clave para los departamentos de TI que despliegan LibreOffice en cientos o miles de puestos donde las normativas internas prohíben directamente este tipo de herramientas. Si la función no se puede desactivar o evitar, deja de ser viable para ese tipo de despliegues.
Por qué la privacidad importa en algunos sectores
La fundación recuerda que su paquete ofimático da servicio a decenas de millones de puestos de trabajo repartidos por administraciones públicas, hospitales, centros educativos y bufetes jurídicos. No es un dato anecdótico: en esos entornos, los documentos suelen contener información altamente confidencial, sujeta con frecuencia a normativas estrictas de protección de datos.
Enviar ese tipo de contenido a un servidor externo para que lo procese un modelo de IA supondría, en muchos casos, un riesgo serio desde el punto de vista legal y profesional. Las condiciones de no envío a la red y cero telemetría no responden a un capricho técnico, sino a las necesidades reales de quienes trabajan con datos protegidos a diario. Para muchos usuarios habituales de este tipo de software, esa garantía resulta tan importante como cualquier función nueva que pudiera llegar.
Esa es la razón por la que, aunque muchos competidores presentan la IA generativa como un añadido obligatorio, la fundación prefiere mantenerla fuera hasta encontrar una fórmula que no comprometa la confidencialidad de los documentos que gestionan sus usuarios.
Cómo usar IA local en LibreOffice con Ollama o LM Studio
Que la suite no incorpore IA de serie no significa que sus desarrolladores rechacen la tecnología sin matices. LibreOffice mantiene abierta la vía de las extensiones independientes, y con ciertos complementos podemos conectar el procesador de textos con entornos de ejecución local como Ollama o LM Studio.
Esta fórmula permite procesar las consultas directamente en el equipo del usuario, sin que el documento llegue a salir hacia servidores ajenos en ningún momento. Si necesitáis asistencia para redactar o analizar textos, podéis recurrir a este tipo de configuración, aunque la instalación y el mantenimiento de esos motores locales corren por cuenta del propio usuario.
La postura de la fundación contrasta con la agresividad comercial de las grandes plataformas propietarias, que integran funciones de inteligencia artificial generativa de forma extendida en sus suites ofimáticas. LibreOffice, en cambio, apuesta por el aislamiento local: sin IA de serie, sin telemetría, y con la decisión final siempre en manos del usuario sobre si instala o no herramientas que procesen información fuera de su disco duro.
LibreOffice 26.8 ya está disponible para descarga gratuita. The Document Foundation no activará ninguna función de inteligencia artificial en el código base mientras no exista una solución comercial capaz de cumplir las seis condiciones fijadas, así que, por ahora, la decisión de usar o no asistentes de IA en nuestros documentos sigue dependiendo únicamente de cada usuario.
