The Document Foundation (TDF) insiste en que LibreOffice carece de funciones de inteligencia artificial integradas y en que su núcleo no recurre a modelos de lenguaje. Sin embargo, varios commits recientes en el repositorio oficial del proyecto reconocen abiertamente la ayuda de asistentes de código basados en IA, lo que ha reavivado las dudas sobre el alcance real de esa política.
La polémica ha estallado en el Fediverso, donde el usuario conocido como argv[-1] señaló, en una publicación, tres commits de este 2026 en los que los propios autores admiten haber usado asistentes de código con IA. TDF ha respondido a las críticas, pero sin renunciar a su mensaje de cabecera: LibreOffice, como producto final, sigue sin inteligencia artificial.
Commits de LibreOffice que admiten ayuda IA
Los tres commits detectados por argv[-1] pertenecen al repositorio oficial de LibreOffice en GitHub y declaran, en su propio mensaje de confirmación, qué asistente de IA intervino en el proceso: dos de abril citan a Claude y uno de septiembre, a GitHub Copilot.
No es un fallo grave: cada vez resulta más difícil encontrar un proyecto importante de código abierto completamente ajeno al código generado por IA. Los dos commits de abril, Inheritance when setting paragraph style font size to 100% or +0pt y Enable relative font sizes in Calc cell styles, acreditan a Claude por ayudar a localizar sendas correcciones: el primero resuelve cómo se hereda el tamaño de fuente en los estilos de párrafo, y el segundo habilita tamaños relativos en los estilos de celda de Calc.
La tercera modificación, de septiembre, es Add Copy Image button to screenshot dialog. Su autor reconoce el uso de GitHub Copilot en VS Code para generar la clase BitmapTransferable, mientras que el método copyButtonHandler se escribió a mano, con ayuda puntual de autocompletado de código.
TDF afirma que LibreOffice no integra IA en su núcleo
TDF sostiene que LibreOffice no incorpora funciones de inteligencia artificial para el usuario final y que los desarrolladores del núcleo no emplean LLM en su trabajo diario. La fundación mantiene y custodia el proyecto desde que se bifurcó de OpenOffice.org, entonces bajo control de Oracle, en el año 2010.
Esa ausencia de IA se ha convertido en argumento de venta: en septiembre, TDF publicó una entrada en su blog titulada «no tener IA es ahora una característica», coincidiendo con el lanzamiento de la versión 26.8 en agosto, presentada sin funciones de IA para el usuario y con el núcleo libre de LLM.
La disputa actual, por tanto, no afecta a lo que veis al abrir Writer, Calc o Impress, sino a cómo se gestiona el código entre bastidores, donde la fundación sí admite aportaciones externas asistidas por IA bajo ciertas condiciones. Para una fundación que compite por diferenciarse en un mercado dominado por suites con IA integrada, esa promesa funciona como una bandera dirigida a quienes prefieren herramientas libres de asistentes automáticos.
¿Qué reglas se aplican a los colaboradores que usan LLM?
Los colaboradores externos pueden recurrir a asistentes de IA, pero deben declararlo de forma expresa y superar una revisión humana estricta antes de que su código entre en el repositorio. TDF desaconseja la práctica, aunque no llega a prohibirla por completo, en un planteamiento que recuerda al que sigue Debian con sus propios colaboradores.
- Divulgación obligatoria: quien use un LLM debe declararlo de forma expresa al enviar el parche.
- Revisión humana exhaustiva: TDF revisa cada envío para comprobar que el código es correcto y que el autor entiende lo que ha escrito.
- Prohibición para estudiantes: el uso de LLM queda vetado en los programas educativos de la fundación.
- Desaconsejamiento general: aunque se tolera bajo supervisión, TDF no anima a recurrir a estas herramientas.
El resultado es una política intermedia: ni cierra la puerta a los asistentes de IA ni los convierte en una herramienta oficial del proyecto, sino que los trata como cualquier otra aportación externa que debe superar el filtro de calidad habitual.
La respuesta de TDF y las críticas de la comunidad
TDF respondió a las críticas en su cuenta oficial de Mastodon, rechazando que estas aportaciones puedan calificarse de código basura: «No hay desarrolladores del núcleo que usen LLM. Confiamos en las contribuciones de la comunidad más amplia y no enumeramos explícitamente las herramientas que la gente no puede usar, pero exigimos que se divulgue cuando se utilizan. Revisamos cuidadosamente los envíos de los colaboradores para asegurarnos de que la calidad del código es buena y de que el autor del parche entiende su propio código. El uso de LLM está prohibido para los estudiantes. Eso no es slop».
No todos los usuarios han quedado convencidos. El desarrollador argentino Federico Schonborn resumió la sensación de doble rasero con una comparación: «Cuando una panadería anuncia que no pondrá asbesto en el glaseado de su pastel, no debes señalar que ya están poniendo asbesto en el relleno, ya ves». El usuario Skjeggtroll fue más directo: «Me parece extraño prohibir todo uso de LLM para el mensaje del commit, pero permitir su uso para el código real».
Sin IA como seña de identidad frente a Collabora
El mensaje de TDF no se entiende sin su rivalidad con Collabora, antiguo socio de desarrollo del proyecto. Collabora mantiene CODE, su propia suite ofimática web basada en el código de LibreOffice, que en junio presentó un aumento de la integración de IA como novedad principal de su versión 26.04. Ambos proyectos comparten raíz técnica, pero han tomado caminos opuestos en su relación con la inteligencia artificial: uno la exhibe como mejora, el otro la rechaza como seña de identidad.
Mientras tanto, la fundación sigue presumiendo de buenos números de adopción. El 21 de octubre anunció 9,4 millones de descargas en ocho semanas, una cifra que no incluye las actualizaciones de Windows ni las descargas de versiones anteriores, contabilizadas aparte. La propia TDF reconoce que resulta difícil precisar a qué se debe ese repunte de descargas.
¿Cambiará TDF su política tras la polémica?
La fundación no ha anunciado ningún cambio: la política sigue siendo la misma que regía antes de que estallara la polémica. Para quien solo usa el programa, LibreOffice sigue siendo una suite sin IA integrada tal como prometen sus comunicados; la discusión afecta únicamente a las normas que rigen las contribuciones de código y a su divulgación.
La distinción separa dos planos que conviven sin remedio en cualquier proyecto de software libre de este tamaño: el producto que se promociona de cara al público y el proceso interno mediante el que cientos de voluntarios aportan código a diario, con herramientas que ya forman parte del paisaje habitual del desarrollo.
Preguntado por The Register, el portavoz de TDF, Italo Vignoli, remitió a la política interna Development/AI y zanjó la aparente contradicción: «No hay ninguna desviación de las declaraciones públicas sobre LO 26.8, ya que se referían a las funciones para el usuario y no al desarrollo».
