Windows 11 es la última versión del sistema operativo de Microsoft. Y a partir de octubre de este mismo año, la única versión que va a seguir teniendo soporte estándar. Sin embargo, esto es un problema, ya que aunque Microsoft recomienda siempre actualizar cuanto antes a Windows 11, los usuarios que aún usan Windows 10 se topan con un requisito que está haciendo que su ordenador, aunque funcione perfectamente, haya quedado obsoleto: el TPM 2.0.
Poco a poco, los usuarios van actualizando a Windows 11, llegando a alcanzar esta versión a su predecesor, Windows 10. Según los últimos datos de StatCounter correspondientes a junio de 2025, la cuota de mercado de Windows 10 se sitúa en un 48.89%, manteniendo una ligera ventaja sobre Windows 11, que alcanza el 47.83%.
Sin embargo, ¿qué impide a los usuarios dar el salto a Windows 11? Este sistema operativo ha sido criticado por muchas cosas: por la falta de privacidad y la cantidad de datos que comparte con Microsoft, por su diseño de la barra de tareas y el menú inicio, por sus apps preinstaladas… pero hay una crítica que supera, con creces, a todas las demás: el requisito de tener un chip TPM 2.0 en el PC para poder instalarlo.
¿Qué es TPM 2.0?
TPM es un procesador de seguridad que forma parte de las placas base relativamente modernas encargado de proteger los datos sensibles que se procesan en el ordenador, como las contraseñas y las claves criptográficas. Gracias a este chip, el sistema operativo puede trabajar con funciones como Secure Boot, BitLocker, Device Guard, Credential Guard y Windows Hello.
TPM 2.0 está presente en la mayoría de los PCs modernos. El problema es que hay muchos ordenadores antiguos que no cuentan con este requisito. Y es que esta versión del TPM se empezó a implementar en 2016 en las placas base de gama más alta, aunque no fue hasta 2018 cuando se empezó a implementar de forma masiva. Por lo general, TPM 2.0 (o un firmware llamado fTPM equivalente, pero que se ejecuta a nivel de CPU) formaba parte de todas las placas base a partir de la 7ª gen de Intel, o los AMD Ryzen.
La mayoría de las placas base antiguas incluyen un chip TPM, pero en su versión 1.2. Y esta versión no cumple con los estándares de la versión 2.0. Por ejemplo, la 1.2 solo soporta SHA-1 como algoritmo de cifrado, cuenta con una flexibilidad criptográfica limitada, un soporte muy básico de políticas, una gestión de claves menos eficiente, y no es lo suficientemente seguro como para que funciones críticas de seguridad, como Windows Hello o BitLocker, dependan de ella.
| Característica | TPM 1.2 | TPM 2.0 |
|---|---|---|
| Algoritmo de Hash | Exclusivamente SHA-1 | Soporte para SHA-256/SHA-2 y actualizables |
| Flexibilidad Criptográfica | Limitada a RSA (2048 bits máximo) | Soporte para ECC (curvas elípticas), RSA y algoritmos futuros |
| Gestor de Claves | Rendimiento básico en generación | Mejoras del 30-40% en velocidad de generación |
| Compatibilidad con Windows Hello | No compatible | Soporte nativo para autenticación biométrica |
| Compatibilidad con BitLocker | Solo en Windows 10 con limitaciones | Compatible total con cifrado completo del disco |
| Requisito para Windows 11 | No cumple | Obligatorio para instalación |
| Normativa ISO | Sin estandarización internacional | Certificado ISO/IEC 11889:2015 |
¿Por qué la gente rechaza este requisito?
Si aporta tantas mejoras de seguridad, ¿por qué la gente lo critica tanto? Lo primero de todo es la imposición de Microsoft hacia este requisito. Y es que, o tienes el chip TPM 2.0 (o el fTPM) o no puedes instalar Windows 11. No se trata de un requisito opcional, sino de algo obligatorio que sí o sí debes tener. Y la única opción, si no lo tienes, es comprar un ordenador nuevo, a pesar de que el antiguo funcione perfectamente.
Entendemos que la seguridad es importante. Pero Microsoft se ha equivocado en esta ocasión. TPM 2.0 debería haber sido un requisito opcional recomendado para los usuarios. Al menos para la edición Home. Así, muchos más usuarios habrían abandonado ya Windows 10 y estarían usando Windows 11. Y no se encontraría Microsoft con que casi 1 de cada 2 usuarios no ha actualizado Windows 10 a pocos meses de que finalice su soporte estándar, una fecha confirmada por Microsoft para el 14 de octubre de 2025, como se detalla en su ciclo de vida de producto oficial.
Y es que, aunque Microsoft lo ha hecho pensando en la mayor parte de su público, los usuarios prefieren tener beneficios tangibles, como rapidez, mejor batería, compatibilidad y diseño, antes que una capa de seguridad, pensada para usuarios técnicos y corporativos, que no entienden cómo funciona. De hecho, tampoco les importa. Lo único que importa a los usuarios es poder actualizar a Windows 11. Y ese requisito en concreto es el que se lo está impidiendo.
