Si nos pasamos por nuestras redes sociales, tenemos que entrar mediante nuestra contraseña. Y lo mismo ocurre con nuestra cuenta de correo electrónico o con nuestros PDF. E incluso si quieres ver algo en Netflix, también. Nuestra contraseña está presente en todos nuestros ámbitos de internet, pero… ¿Alguna vez te has planteado qué es lo que nos mantiene a salvo realmente?
Muchas veces pasamos por alto la función de la encriptación. Sí, eso que vemos repetidas veces en WhatsApp, y con lo que tanto nos insisten desde el sistema de mensajería. Pero, obviamente, no solo está presente en él. Tanto las contraseñas como la encriptación son protecciones reales que se encargan de salvar nuestros datos, pero funcionan de una manera bien distinta.
Podríamos decir que las contraseñas son como llaves: nos permiten entrar, pero una vez dentro, nada protege lo que hay dentro. Es precisamente aquí donde entra la encriptación. Esta función hace que tus datos se vuelvan prácticamente ilegibles para quienes no tengan esa «llave». Así que podemos decir que actúa como un escudo invisible.
Este malentendido suele confundir a muchos usuarios, y pueden dar por hecho que con una contraseña es suficiente. Craso error. Y te vamos a decir por qué.
Principales diferencias entre contraseñas y encriptación
Si no indagamos un poco más al respecto, las contraseñas y la encriptación pueden parecer dos formas casi idénticas de proteger nuestros datos. Pero a nivel real, sus funciones son bastante distintas.
Las contraseñas son claves para acceder a nuestras cuentas. Es un dato concreto que solo tú conoces. Es esto lo que nos deja entrar en prácticamente todo nuestro entorno digital. Pero por sí solas, pueden llevar a ser bastante vulnerables contra hackers o filtraciones de seguridad de cualquier plataforma.
Pero en el otro lado de la balanza tenemos la encriptación. Esta tecnología es más puntera, y nos permite transformar nuestros datos en un código que es prácticamente indescifrable. De hecho, aunque cualquier hacker logre hacerse con nuestra contraseña, el escudo de la encriptación actuará como defensa para proteger nuestros datos. Incluso aunque tengan acceso a ellos. Por lo que llegamos a una conclusión rotunda: tu contraseña puede ser colosalmente fuerte, pero si tus archivos no están cifrados, el riesgo sigue siendo real.
Lo ideal es que puedas utilizar ambos métodos de manera complementaria. Lo primero es una contraseña segura para que actúe como candado de tu cuenta y que nadie pueda entrar. Y de la mano de la contraseña, necesitamos también el cifrado o la encriptación. Una depende de la otra en cierta medida para complementar nuestra seguridad.
Hoy en día, ya existen muchas plataformas que crean una combinación de contraseñas y encriptación. De hecho, los bancos, las redes sociales o los servicios de correo ya lo hacen. Pero la innovación tecnológica también está presente en la ciberseguridad, por lo que hay nuevos métodos. Uno de ellos es la autenticación de dos factores, así como también la biometría, la cual utiliza nuestro rostro o nuestra huella digital para permitir el acceso a una cuenta.
Así que ya sabes, siempre que sea posible, utiliza ambos para mantenerte lo más lejos posible de cualquier ciberataque.
