GitHub deshabilitó a mediados de octubre el repositorio de PhotoSuite y decenas de sus bifurcaciones después de recibir una notificación DMCA. Lo que se presentaba como una alternativa gratuita y abierta a Photoshop resultó ser un empaquetado del código de Photopea, un proyecto independiente que su autor lleva más de una década desarrollando en solitario. El episodio nos obliga a mirar con otros ojos la etiqueta «open source» antes de instalar cualquier herramienta.
PhotoSuite llegó a GitHub a finales de septiembre con una interfaz que recordaba al Photoshop clásico y una licencia abierta que invitaba a confiar en él sin más preguntas. Apenas dos semanas después, el creador de Photopea demostró que ese código coincidía, etiqueta por etiqueta, con una versión suya de 2021. El desarrollador que firma como Eolix admitió que PhotoSuite había arrancado de una copia offline no oficial de Photopea, y ese reconocimiento acabó desencadenando la retirada del proyecto.
Qué es PhotoSuite y por qué GitHub lo ha retirado
El editor se vendía como una alternativa completa y gratuita a Photoshop, con un diseño muy reconocible y una licencia abierta que facilitaba su uso y modificación. A principios de octubre, Ivan Kutskir abrió una incidencia en el repositorio señalando que el código contenía estructuras y etiquetas idénticas a las de su propio trabajo. Ante esa evidencia, Eolix reconoció que la base del proyecto procedía de una versión de Photopea que otro usuario había subido a GitHub sin permiso.
La reacción de Eolix no ayudó a calmar las aguas: renombró la incidencia para suavizar el tono, bloqueó a Kutskir en el hilo y poco después borró por completo la sección de Issues del repositorio. Aun así, Kutskir presentó una notificación DMCA formal a mediados de octubre. GitHub respondió deshabilitando tanto el repositorio original como toda la red de bifurcaciones que ya habían hecho otros usuarios para entonces.
Photopea es gratis pero no es OpenSource
Uno de los malentendidos más frecuentes es confundir que un código se pueda ver con que se pueda reutilizar libremente. Ivan Kutskir ha escrito Photopea a mano durante unos 14 años, casi siempre en solitario, y el proyecto se sostiene gratis en el navegador gracias a la publicidad. Al ser una aplicación web, su código JavaScript tiene que cargarse en el equipo del usuario para funcionar, lo que permite inspeccionarlo sin problema. Pero Kutskir nunca lo ha liberado bajo ninguna licencia de código abierto, y quien quiera alojar su propia copia de Photopea tiene que pagarle por ello.
Que PhotoSuite llevara su propia licencia open source y mencionara a Photopea en el archivo README tampoco cambiaba las cosas en el terreno legal. Dar las gracias a otro desarrollador en la documentación no equivale a tener su permiso para usar su código, un matiz fácil de pasar por alto cuando solo se mira la pantalla de descarga.
De PhotoSuite a PhotoSplice: qué ha pasado desde la retirada
Tras la retirada, Eolix no soltó el proyecto. Lo resucitó bajo el nombre de PhotoSplice, cambiando esta vez el relato: ahora decía basarse en PhotoCraft, una suite construida en buena parte con inteligencia artificial. El problema es que quienes revisaron el repositorio encontraron que las marcas de tiempo de PhotoSplice eran anteriores a las de PhotoCraft, lo que desmontaba esa nueva versión de los hechos.
PhotoCraft sí está hecho desde cero, pero PhotoSplice arrastra la sombra de la polémica original. El cambio rápido de nombre y de créditos dibuja un patrón que invita a desconfiar de cualquier garantía de originalidad sobre el código que uno termina ejecutando en su propio equipo. Ese patrón, cambiar el nombre y la fuente declarada en cuanto surgen dudas, es justo el tipo de comportamiento que merece vigilarse antes de confiar en un proyecto nuevo. La propia existencia de PhotoSplice demuestra que retirar un repositorio de GitHub no impide que el código cuestionado siga circulando bajo otra etiqueta.
Comprobar el origen de una app de código abierto
No hace falta saber programar para detectar inconsistencias en un repositorio: basta con fijarse en tres puntos que ya aparecen reflejados en el caso de PhotoSuite. Os explicamos cada uno con más detalle para que podáis aplicarlos la próxima vez que os descarguéis un editor gratuito que diga ser de código abierto. Ninguno de estos filtros exige abrir una sola línea de código: con mirar la pestaña de historial de cambios, la licencia declarada y la sección de incidencias suele bastar para distinguir un proyecto genuino de uno maquillado. Las señales que delataron a PhotoSuite estaban a la vista de cualquiera, y revisarlas no lleva más de un par de minutos antes de pulsar el botón de descarga, sin necesidad de abrir un terminal.
Revisa cómo nació el proyecto y su historial en GitHub
GitHub guarda un registro fechado de cada cambio, los llamados commits, y podéis consultarlo abriendo la pestaña Commits de cualquier repositorio para ver cómo ha evolucionado el código con el tiempo. Un proyecto legítimo suele arrancar con pocos archivos y crecer de forma orgánica durante meses. El historial público de PhotoSuite, en cambio, empezaba con cerca de 1.000 archivos subidos de golpe y cuatro versiones lanzadas en cinco días. Algunos desarrolladores trabajan en privado antes de publicar, así que esto no es prueba definitiva de nada por sí solo, pero sí una señal que merece atención. Fijaos especialmente en el ritmo de las primeras publicaciones: varias versiones lanzadas en pocos días suelen indicar que el trabajo ya estaba hecho de antemano en otro sitio.
Desconfía de los créditos que cambian y de las incidencias que desaparecen
La sección de Issues funciona como termómetro de cómo gestiona un desarrollador las preguntas incómodas, y conviene abrir también las incidencias ya cerradas, no solo las abiertas. Si al indagar sobre el origen del código la respuesta es bloquear al interlocutor y borrar todo el historial de incidencias, hay motivo para sospechar. Lo mismo ocurre si los créditos sobre en qué se basa el proyecto cambian sobre la marcha para esquivar una acusación de plagio: ahí la credibilidad del repositorio se viene abajo. Ver cómo ha respondido un desarrollador ante una pregunta incómoda suele decir tanto sobre un proyecto como la propia pregunta que la motivó.
Leer el código no delató la copia de PhotoSuite
Leer el código no habría servido para detectar la copia, porque la calidad técnica de un proyecto no dice nada sobre su procedencia. Una revisión externa publicada a principios de octubre describió el código de PhotoSuite como legible y bien documentado, a pesar de estar basado en el de Photopea. Una app puede parecer profesional, estar perfectamente estructurada y aun así ser el resultado de una reescritura no autorizada del trabajo de otro.
Al margen de la calidad del código, hay otro matiz que importa: que el código se copie no implica que la interfaz final sea idéntica, así que comprobar solo el aspecto visual de una app tampoco sirve como garantía. Lo que de verdad delata una copia está en el historial de archivos, en las licencias cruzadas y en cómo reacciona el desarrollador cuando se le pregunta por el origen de su trabajo, no en lo pulido que luzca el resultado final.
El repositorio original de PhotoSuite permanece deshabilitado en GitHub desde el 14 de octubre, mientras PhotoSplice sigue publicado bajo su nueva versión de los hechos. Para quien busque una alternativa gratuita a Photoshop, repasar el historial de commits y la gestión de incidencias de un proyecto sigue siendo, por ahora, el filtro más accesible antes de confiar en él.
