Desde hace años, uno de los grandes problemas ante los que se enfrenta Microsoft con su sistema operativo Windows, esto de aquello relacionado con las actualizaciones y parches que nos envía. Y es que los usuarios cada vez temen más ese momento debido a los constantes errores que se pueden encontrar.
Debemos tener en consideración que las mencionadas actualizaciones de Windows tienen un largo historial de fallos. A veces el sistema las instala en el peor momento, un controlador se estropea, una función deja de funcionar, o sencillamente el equipo deja de arrancar. Además, todo ello es algo que se remonta a muchos años, y las principales víctimas son los propios usuarios.
De ahí que la propia empresa cada vez nos ofrezca una mayor cantidad de funciones y herramientas para retrasar la llegada de estas actualizaciones y parches. Eso sí, más tarde o más temprano se terminarán instalando en nuestros ordenadores. Podemos afirmar que esta es una de las razones por las que una buena cantidad de usuarios en todo el mundo están abandonando Windows y decantándose por sistemas operativos alternativos.
Y ahí es donde entran en juego las distros Linux cada vez más extendidas y populares. Debemos tener en consideración que en este punto que os mencionamos relacionado con las actualizaciones del propio sistema operativo, los problemas de Windows son algo que Linux resolvió hace años. Como os podéis imaginar, este es un cambio que muchos agradecen, más en los tiempos que corren.
Es importante saber que estos sistemas operativos de código abierto, en multitud de ocasiones, funcionan en equipos corporativos y servidores. Esto significa que no se puede permitir el lujo de provocar graves errores de funcionamiento por el simple hecho de recibir una nueva actualización o versión más actual.
Función de Linux para evitar problemas con las actualizaciones
Pues bien, el núcleo de Linux solventó estos fallos habituales en el sistema de Microsoft gracias a un componente llamado instantáneas del sistema de archivos. Básicamente, esto se traduce en que una vez que empezamos a usarlas, las actualizaciones dejan de ser un riesgo o un problema para nuestros equipos, personales o empresariales.
Para muchos usuarios, la función que lo cambió todo a la hora de evitar problemas al actualizar Linux, son las instantáneas del sistema de archivos. De este modo, en lugar de pausar su llegada y esperar a que una actualización funcione a la perfección, Linux puede congelar todo el sistema antes de que se produzca cualquier cambio. Aquí nos referimos a cada archivo, paquete instalado y configuración que forman parte del PC.
Ese estado se convierte en una instantánea de nuestro sistema operativo en ese preciso instante, para posteriormente ejecutar la actualización como tal. Con esto lo que logramos es que si todo funciona bien, podremos seguir usando el ordenador como hasta ahora. Pero en caso contrario, si algo falla, no tenemos más que volver a la instantánea tomada justo antes de la actualización.
Para los que no lo sepáis, os diremos que esta capacidad proviene de sistemas de archivos modernos como Btrfs en Linux. Mientras que los sistemas de archivos tradicionales necesitarían duplicar enormes cantidades de datos para crear una copia de seguridad, BTRFS utiliza una técnica llamada copia en escritura. Esto permite al sistema operativo registrar el estado actual del sistema de archivos sin copiar cada archivo. De este modo, cuando algo cambia, solo se almacenan las diferencias.
Por tanto, si una actualización causa fallos, simplemente seleccionamos la instantánea anterior y problema resuelto. Segundos después, nuestro ordenador arrancará exactamente como estaba antes de la misma y nos evitamos quebraderos de cabeza. Quizá Microsoft debería tomar nota de todo ello para incluir algo parecido en Windows.
