Tal vez te hayas dado cuenta de que mientras estás jugando a ciertos títulos, a tu procesador no le está afectando. En otras palabras, sigue marcando mínimos en cuanto a su actividad. Esto puede llevarte a creer que es algún tipo de error de monitorización, o que tu PC se está volviendo loco, pero la realidad es que son buenas noticias.
Los juegos actuales, en su mayoría, suelen enviar mayor carga a la tarjeta gráfica. Esta es la que se encarga de procesar los gráficos, las texturas y todo lo relacionado. De ahí que puedas tener tu CPU a niveles de 20-60% e incluso entre el 1-5%. El que está «soportando sobre su espalda» la verdadera carga del juego es la tarjeta gráfica. Pero no todo tiene que ser por este condicionante.
A veces, si tienes activas opciones como la Sincronización Vertical o pones un límite a los FPS, el procesador se mantiene en espera de lo que dicte el monitor. Mientras tanto, se queda «tranquilo». Pero también puede ocurrir que tengas tu PC en el modo ahorro o tus drivers no estén actualizados. En ese caso, lo más probable es que no se aproveche bien la potencia de la CPU.
Las principales causas de esta «tranquilidad» de la CPU
En muchos de los juegos actuales, y en particular aquellos cuyos gráficos son hiperrealistas, la carga y los posibles cuellos de botella van a recaer sobre la tarjeta gráfica. Es justo en esta «pizarra» donde el juego está escribiendo todo. Por lo que no es raro que tu CPU esté tan tranquila y, sin embargo, la gráfica se te vaya al 90-100% de su capacidad. El microprocesador, en este caso, hace de auxiliar, por eso solo trabaja cuando se lo «pide» la GPU.
También se puede dar el caso de que tengas la V-Sync activada, o limites tus FPS. Es ahí cuando la CPU no se ve obligada a esforzarse, ya que el juego primero acude a la GPU y luego al monitor. Esto hace que se mantenga la temperatura y la eficiencia de la CPU en todo momento.
Pero no todo tienen por qué ser buenas noticias. Puede ocurrir que tu microprocesador sea muy potente y, sin embargo, la tarjeta gráfica no lo sea (o viceversa). En estos casos, al procesador no le cuesta nada proporcionalmente hablando trabajar en los juegos, mientras que la CPU lo está dando todo al respecto.
Por otro lado, si tienes aplicaciones abiertas en segundo plano, o bien estás utilizando el modo «ahorro de energía» de tu sistema operativo, esto hace que el rendimiento del CPU se controle mucho. En ese caso, puedes usar el modo «Alto rendimiento» o similar y cerrar los programas que no uses para equilibrar la carga entre CPU y GPU.
En caso de que el microprocesador se sobrecaliente, lo que va a ocurrir es que su eficiencia disminuya drásticamente y todo el PC se ralentice. De ahí que sea megaimportante que mantengas el sistema limpio a nivel de software, pero también de hardware. Asegúrate de que el aire fluya sin problemas por tu torre y nunca dejes de echar un vistazo a la pasta térmica. Y cómo no, echa un vistazo a los drivers y sus actualizaciones para no terminar por ahogar a la CPU.
