El proyecto GNU acaba de cumplir 43 años, fecha en que Richard Stallman lanzó desde el MIT su propuesta de construir un sistema operativo compatible con Unix que respetara la libertad de quien lo usara. Cuatro décadas después, aquel anuncio sostiene buena parte de la infraestructura que usamos cada día: servidores, supercomputadores y millones de móviles funcionan gracias a las herramientas que nacieron de aquella idea.
Stallman trabajaba en el laboratorio de inteligencia artificial del MIT, donde los programadores compartían el código libremente. El software privativo rompió esa dinámica con contratos que impedían ayudar a un compañero; el detonante fue una impresora sin código fuente. El anuncio, del 27 de septiembre de 1983, pedía ayuda para construir un sistema compatible con Unix, libre de usar y compartir.
El anuncio de 1983 y la ruptura con el MIT
El desarrollo arrancó en enero de 1984, cuando Stallman dejó su puesto en el MIT para que la universidad no pudiera reclamar la propiedad del código que estaba escribiendo. En marzo de 1985 publicó el Manifiesto GNU, el texto que fijó la filosofía completa del proyecto.
Clonar Unix, en vez de inventar algo desde cero, fue una decisión pragmática: su diseño modular permitía reescribirlo pieza a pieza, con interfaces estables que cualquier voluntario podía replicar por separado, resolviendo tareas repartibles por medio mundo sin depender de una sola persona. Stallman lo resumió en su anuncio: «Considero que la Regla de Oro exige que, si me gusta un programa, deba compartirlo con otras personas a las que les guste. No puedo en conciencia firmar un acuerdo de confidencialidad ni un acuerdo de licencia de software».
De Emacs a GCC: la caja de herramientas global
En octubre de 1985 nació la Free Software Foundation para recaudar fondos y defender jurídicamente el proyecto. La fundación pagó a programadores para escribir piezas que nadie hacía gratis, y empresas como Cygnus Solutions, absorbida después por Red Hat, demostraron que se podía ganar dinero dando soporte sobre código libre en lugar de vender licencias.
Hacia 1990 el proyecto tenía casi todo menos el núcleo: Emacs aportaba un editor programable, GCC, publicado en 1987, un compilador optimizado para decenas de arquitecturas, GDB depuraba los programas y Bash servía de intérprete de órdenes. Los Coreutils, la biblioteca glibc y las Binutils cerraban una caja de herramientas completa. La enciclopedia del proyecto documentaba 387 paquetes GNU activos en junio de 2025, y estudios de los noventa mostraron que esas utilidades fallaban menos que sus equivalentes privativos de Unix.
La alianza con Linux: 34 años moviendo servidores
GCC cambió la industria más que ningún otro programa del proyecto: un compilador libre y optimizado permitió construir software sobre cualquier máquina sin pagar peaje a un fabricante, y durante años fue el estándar en universidades y estaciones de trabajo. Bash y las Coreutils completaron esa victoria silenciosa, la misma que sostiene hoy buena parte de lo que tocáis sin saberlo cada vez que usáis el móvil o entráis en una web.
Cada vez que un administrador escribe un script, cada contenedor que arranca y cada teléfono Android que ejecuta comandos bajo el capó llevan linaje GNU en la cadena. Combinado con el núcleo Linux desde 1992, el sistema mueve hoy la mayoría de los servidores del mundo, los 500 superordenadores más potentes y millones de teléfonos. Esa ubicuidad volvió invisible al proyecto.
La GPL y el cisma de 1998 que sigue abierto
La primera Licencia Pública General llegó el 25 de febrero de 1989 y unificó los permisos de Emacs, GDB y GCC en un solo texto. El copyleft usa el copyright para que las versiones modificadas circulen con las mismas libertades. La segunda versión, de 1991, añadió la cláusula Libertad o Muerte, y la tercera, de 2007, blindó el texto contra la tivoización.
En 1998 el movimiento sufrió una fractura: un grupo incómodo con el discurso moral de Stallman acuñó el término «open source» para vender las mismas prácticas sin hablar de libertad ni de justicia. Esa etiqueta financió veinte años de desarrollo que el purismo original difícilmente habría pagado. La GPL retrocede desde 2010, aunque no está claro frente a qué alternativas. Si usáis un ordenador o entráis en la nube, es casi seguro que algo de GNU corre por debajo: la próxima vez que abráis una terminal, merece la pena recordarlo.
