El informe anual de riesgo de la consultora Semperis, elaborado a partir de una encuesta a 1.200 empresas durante la primera mitad de 2026, revela que el 37% de los ataques de ransomware ya incluye amenazas psicológicas o físicas contra los empleados. La extorsión digital ha empezado a apoyarse en el miedo real de las personas, además de en la parálisis de los sistemas informáticos.
De ese 37%, el 23% recurre a la intimidación psicológica y el 17% llega a amenazas físicas directas para forzar el pago del rescate. Más grave todavía: el 53% de las organizaciones encuestadas confirma que los atacantes cumplieron esas amenazas en algún momento durante el último año. Este tipo de intimidación, señala el propio informe, ha repuntado en los últimos años hasta convertirse en una práctica casi habitual entre los grupos de ransomware. Os contamos a continuación en qué consisten exactamente esas amenazas y quiénes las protagonizan.
Doxxing, swatting y otros paquetes amenazantes
Una cuarta parte de las víctimas, el 25%, sufrió doxxing: la publicación en Internet de sus datos personales, direcciones de casa y trabajo o números de teléfono. Otro 25% tuvo que buscar tratamiento psicológico o médico como consecuencia directa de la infección. El 24% se vio obligado a contratar equipos de seguridad personal, mientras que el 23% fue víctima de swatting, la táctica que consiste en llamar a los servicios de emergencia denunciando un incidente falso (una bomba, un tirador activo) para provocar una respuesta policial armada contra la víctima.
Si nos fijamos en lo que detallan los propios empleados sobre el tipo de amenazas que reciben con más frecuencia, el envío de mensajes, cartas o paquetes intimidatorios encabeza la lista, con un 57% de los casos. Las amenazas contra familiares o amigos aparecen en el 37% de los incidentes. Y en los escenarios más extremos, el 19% denunció intrusiones físicas en su domicilio, el 17% relató intentos de secuestro, el 13% sufrió daño físico y el 6% fue víctima de acoso continuado.
Fotos del colegio de los hijos para intimidar
Tim Beasley, consultor sénior de respuesta a incidentes en Semperis, puso rostro a estas cifras. Mientras investigaba un ataque vinculado a Midnight Blizzard (el grupo asociado al Servicio de Inteligencia Exterior ruso, el SVR) como responsable del equipo de detección y respuesta de Microsoft (DART), recibió en su domicilio un paquete con muñecas matrioskas y otros recuerdos de la región, sin nota del remitente. «Es el tipo de cosa que te dice: sabemos dónde vives», relató. «Te abre los ojos cuando recibes algo así».
Beasley también ha investigado casos en los que directivos reciben, directamente de los atacantes, fotografías de los colegios de sus hijos obtenidas a través de un rastreo previo en redes sociales. «He visto amenazas contra las familias, a partir de ese reconocimiento en redes sociales, y en este sector cada vez es más algo que hay que esperar, por desgracia», explicó. Algunos grupos, añadió, ya recurren directamente a lo que él describe como violencia como servicio.
Qué recomiendan los expertos frente al ransomware
Según Beasley, son precisamente los grupos más conocidos del panorama los que recurren con más frecuencia a estas tácticas de intimidación personal. Cita de forma explícita a Scattered Spider, ShinyHunters y Lapsus$ como responsables de este tipo de presión directa sobre víctimas y sus entornos. Para algunos de estos grupos, advierte el informe, el cibercrimen se ha convertido en una puerta de entrada hacia la violencia real, un salto que va más allá de la simple extorsión económica.
ShinyHunters, por su parte, negó atacar directamente a personas, aunque admitió que «hay veces en que el trabajo que hacemos exige llevar a la empresa hasta el límite absoluto para sentarla a la mesa». En paralelo, Europol y sus socios investigadores marcaron el pasado verano 4.340 URL «horribles» para su retirada, dentro de una ofensiva contra The Com, una red informal de grupos online cuyos miembros, en su mayoría jóvenes, participan en hacking, swatting, extorsión digital y violencia física real.
El mensaje que lanzan los investigadores a empresas y directivos es claro: mantener la posición. «No cedáis a la presión, y sabed que todo va a salir bien», resumió Beasley. «Si sentís que estáis bajo coacción, implicad a las fuerzas de seguridad. No tengáis miedo de llamar a la policía ni de recurrir al FBI cuanto antes».
El propio informe de Semperis explica por qué pagar no resuelve nada: el 69% de las organizaciones encuestadas fue atacado más de una vez en los últimos 12 meses, y el 31% llegó a realizar varios pagos a sus extorsionadores. Ese último consejo resulta especialmente relevante porque una vez que se paga, los atacantes suelen volver a por más. «No les paguéis nada», insistió Beasley. «Nunca les paguéis».
