Windows avisa a veces de que hay que formatear un disco para poder usarlo, un mensaje que asusta porque parece una sentencia de pérdida total. Ese aviso, sin embargo, no significa que los archivos hayan desaparecido: puede que el sistema simplemente ya no sepa dónde están. Un caso reciente lo demuestra con una cifra muy concreta: la herramienta gratuita PhotoRec que recupera miles de archivos de un disco que Windows daba por vacío, entre ellos numerosas fotografías personales.
El disco protagonista de este caso era un SSD que, tras un fallo en su sistema de archivos, pasó a mostrarse como RAW en el Administrador de discos de Windows. En vez de las carpetas NTFS habituales, el sistema solo ofrecía la opción de formatear la unidad, algo que habría eliminado cualquier posibilidad de recuperación. Su propietario, en lugar de aceptar ese aviso, dejó de escribir en la unidad y recurrió a PhotoRec, una herramienta gratuita de recuperación de datos que podéis bajar desde aquí.
Por qué PhotoRec encuentra lo que Windows da por perdido
Windows depende de la tabla de asignación de archivos y de la estructura de carpetas para saber qué existe en un disco y en qué lugar se encuentra. Cuando ese mapa se corrompe, el sistema de archivos pasa a mostrarse como RAW: los datos siguen físicamente en la unidad, pero Windows no tiene forma de localizarlos ni de mostrarlos, así que lo interpreta como un disco vacío o sin formatear.
PhotoRec ignora esa estructura por completo y recurre al file carving: escanea el almacenamiento sector por sector en busca de las firmas que identifican cada tipo de archivo, como las cabeceras propias de un JPEG. Gracias a esa técnica, puede extraer una fotografía aunque no sepa que un día vivió en una carpeta determinada. Si nos fijamos en los números de este caso, el escaneo del disco se prolongó más de una hora y devolvió miles de archivos, la prueba de que la información seguía intacta a nivel físico aunque Windows no pudiera leerla.
Sin nombres ni carpetas: lo que cuesta recuperar
El file carving tiene una contrapartida evidente: se pierden los nombres originales y cualquier organización en carpetas. Los archivos recuperados aparecen con identificadores genéricos repartidos en carpetas secuenciales.
Entre ese volumen de archivos había miniaturas incrustadas en otras fotos, identificables por el prefijo «t» que añade PhotoRec, fragmentos incompletos y duplicados de etapas anteriores de la vida del disco; no todos resultaron aprovechables. Si os encontráis en una situación parecida, ordenar por tamaño ayuda a separar las miniaturas y los fragmentos inútiles de los archivos originales de cámara, tal y como se hizo en este caso, apoyándose también en los metadatos de fecha que PhotoRec logra extraer de algunos ficheros, aunque no siempre son del todo fiables. Clasificar todo ese material, revisando las previsualizaciones una a una porque los nombres no daban ninguna pista, llevó más tiempo que el propio escaneo.
Qué es el TRIM de los discos SSD
En un SSD, el comando TRIM puede borrar físicamente los bloques que el sistema marca como libres, lo que suele complicar o incluso impedir la recuperación de datos. En este caso, el volumen se había vuelto RAW y su propietario detuvo cualquier operación de escritura de inmediato, antes de intentar nada más.
Esa rapidez habría evitado que TRIM llegara a ejecutarse sobre los sectores afectados, lo que explicaría por qué PhotoRec pudo leer datos reales que todavía quedaban en el disco. Durante la configuración, los archivos recuperados se guardaron en una unidad distinta a la dañada, un paso que evita escribir sobre el propio disco RAW y reduce el riesgo de sobrescribir datos que todavía podían rescatarse. Fue precisamente esa decisión, dejar de usar el disco en cuanto apareció el aviso de formateo, la que dejó intactos los sectores que PhotoRec necesitaba leer.
Entre los más de cien mil archivos recuperados, el primero que se abrió fue una fotografía familiar reconocible al instante por la cara y el fondo, con los metadatos de la cámara todavía legibles. No todas las imágenes volvieron en el mismo estado: algunas solo sobrevivieron como miniaturas parciales o fragmentos incompletos, y entre los miles de archivos hubo también duplicados y piezas inservibles de versiones anteriores del disco. Aun con esas pérdidas, decenas de fotografías completas y utilizables llegaron a rescatarse de una unidad que Windows daba por vacía, la confirmación de que un aviso de formateo no tiene por qué ser la última palabra sobre esos datos.
