La industria de los videojuegos se encuentra inmersa en una de las mayores polémicas de este año. Y todo, a raíz de la retirada de cientos de juegos en plataformas como Steam e Itch.io debido a la presión ejercida por las empresas de procesadores de pago Visa y Mastercard.
El detonante de toda la polémica ha sido la actualización de las políticas de Steam, que ahora prohíben explícitamente contenido que pueda «violar las reglas establecidas por los procesadores de pago». Pero detrás de toda esta censura se encuentra el colectivo religioso Collective Shout. Algo que ha puesto en alerta a la comunidad gamer. ¿Está la libertad de la creación de videojuegos en peligro por los juicios de una comunidad religiosa?
Esta situación abre un debate en la industria. Analistas como el Dr. Julian Küklich, expero en economía política de los videojuegos, han señalado que la externalización de la moderación del contenido a los procesadores de pago es un peligroso precedente para la libertad creativa.
Este movimiento en la industria ha generado una respuesta firme entre jugadores, desarrolladores y defensores de la libertad creativa. Y no solo hablamos de protestas, también se han recogido ya más de 200.000 firmas contra esta censura impuesta.
La censura de Visa y Mastercard a demanda del colectivo religioso
La censura de videojuegos para adultos por parte de los procesadores de pago Visa y Mastercard ha provocado la eliminación de títulos con contenido adulto en dos de las tiendas digitales de referencia de videojuegos del mundo: Steam e Itch.io.
Pero primero hemos de conocer quiénes están detrás de todo esto: Collective Shout. Una organización religiosa australianza vinculada a grupos evangélicos desde 2010, conocida por sus campañas en favor de la religión. Debido a su acción en el país oceánico, se generó una presión pública tanto sobre las plataformas de videojuegos sobre los canales de pago. Y su argumento principal es que existen títulos que fomentan valores opuestos a los de su doctrina o que presentan material sexualmente explícito y ofensivo. Todo basándose en su propia perspectiva. Uno de los juegos afectados y más queridos por la comunidad ha sido, por ejemplo, Fear and Hunger:
Sin embargo, el efecto de la presión tuvo «éxito» y plataformas como Steam incorporaron reglas específicas donde se prohíben títulos que puedan «violar las normas de los procesadores de pago, redes de tarjeta o bancos». Incluso desde el grupo religioso se jactaron de su éxito.
La reacción de las partes
Tanto Visa como Mastercard insisten en que no han censurado directamente juegos legales, y que tan solo cumplen con restringir compras ilegales basándose en la normativa de cada país. Pero no ha sido suficiente para los distintos actores en la industria.
Valve (matriz de Steam) ha admitido que prefiere acatar estas demandas para no perder el acceso a las redes de pago. Algo vital para su negocio global.
Sin embargo, el rechazo por esta censura ha sido unánime en el mundo entero. Una petición contra la censura de videojuegos en Change.org ya supera las 200.000 firmas. Pero también han actuado las propias plataformas de videojuegos.
Concretamente, la plataforma GOG regaló 13 videojuegos durante 48 horas esta misma semana. Los mismos videojuegos que se retiraron de Steam por las presiones de dichos procesadores de pago.
Entre los títulos que regalaron nos encontramos:
- Helping de Hotties
- Sapphire Safari
- Treasure of Nadia
- Summer’s Gone – Season 1
- Fetish Locator Week One
- Agony + Agony Unrated
- House Party
- HuniePop
- Lust Theory
- POSTAL 2
- Leap of Faith
- Being a DIK
- Leap of Love
Pero todo este caso plantea una seria pregunta: ¿Quién debe decidir qué contenidos son «aceptables en la era digital? ¿Las plataformas de pago, los gobiernos, las asociaciones religiosas?
