Los discos duros y las unidades SSD guardan un historial interno de su propio deterioro, y ese historial suele avisar mucho antes de que el equipo deje de funcionar. Windows permite consultar esos registros de salud, aunque casi nadie los revisa: el sistema sigue arrancando con normalidad mientras el disco ya está reportando señales de desgaste que nosotros deberíamos aprender a interpretar.
En muchas ocasiones damos por sentado que nuestro ordenador está sano solo porque enciende y los archivos se abren sin retrasos. Sin embargo, el uso diario no nos obliga a mirar los contadores detallados de salud del almacenamiento, así que las advertencias más serias pasan de largo. La unidad puede seguir leyendo y escribiendo con normalidad mientras su propio informe interno ya describe un problema que se está gestando.
SMART en discos duros y SATA
Los discos duros y los SSD con conexión SATA exponen su estado a través del protocolo SMART, un estándar que lleva décadas integrado en el firmware de las unidades. Las unidades NVMe, en cambio, comunican su salud mediante el llamado NVMe SMART/Health Information Log, que organiza la información con una estructura diferente aunque persigue el mismo objetivo: informar de cómo se encuentra el hardware. En ambos casos, la fuente de los datos es siempre el propio dispositivo de almacenamiento; nosotros, a través de Windows o de cualquier herramienta de monitorización que instalemos, solo nos limitamos a leer esos valores y a interpretarlos.
El problema no es tecnológico, sino de costumbre: el uso normal del sistema operativo no nos exige revisar estos contadores, de ahí que una unidad pueda seguir funcionando con aparente normalidad mientras ya arrastra un deterioro medible. Que un disco siga respondiendo no significa que sea de fiar a largo plazo, y abrir un archivo sin problemas solo nos confirma que, de momento, todavía funciona. Por eso conviene que nos habituemos a revisar el informe de salud de nuestras unidades de vez en cuando, y no solo cuando algo empieza a fallar de forma evidente.
Bloques defectuosos, desgaste y errores CRC
Los atributos que vamos a encontrar en un SSD no son los mismos indicadores mecánicos que en un disco duro tradicional. Entre los más relevantes están los Grown Bad Blocks (bloques que se han vuelto inservibles durante la vida de la unidad), el Program Fail Count y el Erase Fail Count, que reflejan fallos durante las operaciones de escritura o borrado. También existe el Media Wearout Indicator, que mide cuánta resistencia de escritura le queda a la unidad respecto a su vida útil nominal.
En un caso concreto, este indicador de desgaste se situaba en 74 tras más de 15.000 horas de encendido acumuladas, una cifra que refleja que el desgaste reportado todavía no se acerca a su propio umbral de vida útil, aunque no permite predecir cuántos años de servicio le quedan realmente al disco. Más traicionero resulta el recuento de errores CRC de SATA: en esa misma unidad, el valor bruto registrado era de 2. Es fácil confundir un contador CRC que sube con una unidad que se está muriendo, pero estos errores de interfaz suelen tener un origen distinto, casi siempre un cable en mal estado o una conexión floja entre el disco y el equipo. Si diagnosticamos mal esta señal, podemos acabar cambiando una unidad perfectamente sana por culpa de un cable defectuoso, o al contrario, restando importancia a un fallo real de los medios de almacenamiento.
Herramientas de monitorización en Windows
Para consultar estos atributos en Windows podemos recurrir a herramientas de monitorización de terceros, que se encargan de leer los valores SMART y de mostrar tanto un estado general como cada indicador por separado. Fiarnos solo de esa etiqueta resumida es arriesgado, porque puede ocultar atributos concretos que ya merecen nuestra atención. Windows también expone cierta información desde su propia capa de almacenamiento, aunque esa señal nativa suele ser mucho más gruesa que la que ofrecen las herramientas dedicadas.
Muchos de nosotros posponemos las copias de seguridad porque nuestro dispositivo no nos hace sentir la urgencia de hacerlas. Sin embargo, una vez que revisamos el informe de salud y vemos indicadores que empiezan a moverse, esa costumbre se vuelve mucho más difícil de justificar. Conviene que repitamos la lectura de estos valores de vez en cuando, porque una sola comprobación solo nos dice cómo está la unidad en ese instante; varias lecturas nos permiten ver si la tendencia empeora con el tiempo.
Mantener un ojo en estos valores nos evitará más de un susto y nos dará el margen necesario para salvar nuestros archivos más valiosos. Y vosotros, ¿habéis comprobado ya la salud de vuestro almacenamiento o preferís esperar a que aparezcan los primeros síntomas?
