Los usuarios de chatbots de inteligencia artificial confían a estas herramientas sus problemas de dinero, su salud mental y hasta sus secretos más íntimos, pero eso no significa que se fíen de las empresas que están detrás. Un estudio de Proton publicado hace solo unas horas revela que el 66% de los usuarios ha tratado al menos un tema sensible con un chatbot, mientras que menos de uno de cada cinco confía en que esas compañías protejan su información.
La encuesta, realizada por Proton entre 4.014 usuarios activos de chatbots en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, nos permite entender qué comparten con la IA, por qué lo hacen y qué condiciones les llevarían a compartir más o menos información. El estudio parte de situaciones cotidianas, como preocupaciones económicas de madrugada o síntomas de salud demasiado íntimos para consultar a un médico, para ilustrar el tipo de conversaciones que sostenemos hoy con estas herramientas. Eamonn Maguire, director de ingeniería de IA en Proton, explica que la inteligencia artificial acaba sabiendo mucho más de nosotros que un buscador tradicional: mientras este último solo registra lo que tecleamos, el chatbot capta las dudas, las preguntas de seguimiento y el contexto personal que dejamos entre líneas. Por eso, añade, cuando la tecnología maneja tanta información sobre nuestra vida, la privacidad ya no puede quedar en un segundo plano.
Dinero, salud mental y trabajo, temas que contamos a la IA
El estudio identificó ocho categorías de temas sensibles: finanzas personales, relaciones, salud mental, sexo, secretos, atracción romántica, trabajo y conflictos familiares. Como veremos, las finanzas, la salud mental y los problemas laborales son, con diferencia, los tres asuntos que compartimos más con un chatbot.
El orden cambia según el país: en Alemania la salud mental encabeza la lista, en Estados Unidos son los problemas de carrera profesional, y en Francia y Reino Unido predominan las consultas sobre dinero. Estados Unidos es además el país donde más gente reconoce haber hablado de temas delicados con la IA, un 68,4% frente al 60,3% de Francia, la cifra más baja de las cuatro. La diferencia sugiere que la disposición a confiar en un chatbot no depende solo de cada persona, sino también de la cultura tecnológica de cada país.
Amigos y familia siguen siendo la opción preferida para hablar de cualquiera de los ocho temas, por delante de los chatbots, los terapeutas o los consejeros religiosos. Pero la distancia se estrecha en los asuntos prácticos: en Francia, la IA queda a solo dos puntos porcentuales de la familia como opción preferida para hablar de finanzas. Os detallamos los motivos que llevan a elegir un chatbot frente a una persona, porque varían según el tema. En trabajo y carrera profesional, los cuatro países coinciden en que la comodidad es la razón principal, algo que casi se repite en finanzas, salvo en Reino Unido.
La salud mental divide las respuestas: en Francia y Alemania gana la comodidad, mientras que en Estados Unidos y Reino Unido pesa más la ausencia de juicio. Para la atracción romántica, la confianza y la privacidad son el motivo más citado en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, y para la salud sexual, la libertad de no ser juzgado gana en Francia, Estados Unidos y Reino Unido.
La desconfianza se mantiene entre los que más usan la IA
Pese a compartir tanto, la confianza en las empresas que operan estos chatbots sigue siendo baja: solo entre el 11% y el 20% de los encuestados dice confiar mucho en que protejan su información privada. Francia es el país más escéptico, con un 47,7% de usuarios que apenas confían o no confían nada, seguida de Reino Unido (41,6%), Alemania (40,5%) y Estados Unidos (38,8%).
Lo que más nos inquieta no es tanto que la conversación con la IA se guarde, sino el uso que se le dé después. Los encuestados temen más que sus charlas con la IA se usen para elaborar perfiles publicitarios que para entrenar los propios modelos: en Estados Unidos, un 65,3% se preocupa por el primer escenario frente a un 57,6% que teme el segundo.
La garantía de que las conversaciones no servirán para entrenar modelos cambiaría nuestro comportamiento como usuarios, ya que un 48% asegura que compartiría más información sensible si existiera esa promesa. Y el interés por una alternativa centrada en la privacidad es alto: ocho de cada diez encuestados dicen que les gustaría usar un chatbot diseñado específicamente para proteger sus datos.
