ChatGPT ya forma parte de la rutina diaria de millones de personas para redactar correos, resumir PDFs o revisar contratos. Pero cada archivo que subís a la conversación no desaparece sin más cuando cerráis el chat: queda registrado, puede permanecer en los servidores de OpenAI durante semanas y, en los planes personales, incluso servir para entrenar futuras versiones del modelo si no desactiváis esa opción.
El archivo que subís no se borra en el momento en que cerráis la conversación. Permanece registrado en los servidores de OpenAI y, según el tipo de cuenta que tengáis contratada, el tiempo que tarda en desaparecer varía de forma considerable.
Los plazos de conservación cambian según el plan de ChatGPT
En los planes de consumo estándar, el archivo permanece vinculado al chat mientras esa conversación exista en vuestra cuenta. Y aunque borréis el chat, OpenAI puede no purgarlo de sus sistemas hasta 30 días después. Si trabajáis con un plan empresarial, los archivos que no se guardan en una biblioteca compartida caducan automáticamente en 48 horas. Los usuarios sin plan empresarial tienen una ventana todavía más corta, de apenas tres horas, para que el archivo original expire, aunque el contenido que la inteligencia artificial ha extraído de él puede persistir mucho más tiempo.
Un caso legal relevante, el litigio de The New York Times contra OpenAI, obligó a la compañía a conservar de forma indefinida los registros de chat y las subidas durante 2025. La política de borrado a los 30 días se restableció después, pero el episodio deja claro que eliminar una conversación no siempre implica que sus datos hayan desaparecido de verdad.
Documentos que nunca debéis subir a un chatbot
Las declaraciones de impuestos encabezan la lista de riesgos porque reúnen en un solo archivo vuestro número de seguridad social, ingresos y datos bancarios. Los historiales médicos y los resultados de laboratorio tampoco tienen cabida aquí: los chatbots de consumo no están diseñados ni certificados para manejar información sanitaria protegida como sí lo hace el sistema de un hospital. Los escaneos de documentos de identidad, ya sean pasaportes o carnés de conducir, merecen la misma cautela, porque una sola imagen filtrada puede bastar para que alguien abra líneas de crédito a vuestro nombre.
Las contraseñas, los códigos de un solo uso, las claves API y las credenciales de recuperación tampoco deberían escribirse ni subirse nunca a un chat: no existe ningún motivo legítimo por el que un asistente necesite vuestros secretos de acceso para ayudaros a resolver un problema, y compartirlos solo multiplica la exposición mientras esos datos permanezcan almacenados en un servidor ajeno.
Los datos de terceros multiplican el riesgo
Los archivos del entorno laboral son, si cabe, más peligrosos que los personales porque suelen contener información de terceros o propiedad protegida. Los contratos sujetos a acuerdos de confidencialidad, las presentaciones de estrategia interna, las hojas de ruta de productos aún no lanzados y las listas de clientes entran en este grupo: subirlos puede incumplir un acuerdo de confidencialidad aunque tengáis todo el derecho a leer el documento.
Entre el 11 y el 12 por ciento de todo lo que los empleados pegan en ChatGPT es información comercial confidencial, y más del 20 por ciento de los archivos que se suben a herramientas de inteligencia artificial contienen datos sensibles. Si un documento incluye los datos personales de un cliente, la evaluación de desempeño de un colega o las cifras financieras de una empresa asociada, esa información no es vuestra para compartirla, aunque solo busquéis un resumen rápido.
Metadatos ocultos que viajan con los archivos
Un documento que parece inofensivo a simple vista puede llevar dentro mucha más información de la que muestra. Los archivos de Word suelen conservar el nombre de sus autores y el historial de comentarios y ediciones. Las fotos que hacéis con el móvil incorporan coordenadas GPS que delatan la ubicación exacta donde se tomaron, y las hojas de cálculo pueden esconder pestañas que no teníais intención de enseñar a nadie.
Revisar el documento antes de subirlo y eliminar la información que no sea imprescindible reduce la exposición, aunque no elimina el riesgo de que el archivo permanezca en los servidores del proveedor el tiempo que marque cada plan de suscripción.
