Si trabajáis con el programa Microsoft Word y soléis apoyaros en Copilot para redactar o revisar documentos, conviene prestar atención a este fallo de seguridad. Microsoft Word arrastra una vulnerabilidad que permite a un documento externo inyectar instrucciones ocultas en Copilot y hacer que esas órdenes se repliquen de un archivo a otro, como si fueran un gusano informático.
Tanto es así que un investigador de seguridad ha documentado el fallo y ha comprobado de primera mano que se propaga por plataformas y aplicaciones como SharePoint, Teams, Outlook y OneDrive. Todo ello sin necesidad de acceder al cliente de Microsoft 365 de la víctima. El ataque arranca en el momento en que usamos un documento de Word compartido o descargado de fuera como contexto para que Copilot nos redacte o edite un texto.
Quien lo prepara, el atacante, puede esconder instrucciones en lenguaje natural con trucos muy simples, como texto blanco sobre fondo blanco y un tamaño de letra minúsculo. Copilot extrae el contenido sin conservar ese formato visual, así que el modelo de lenguaje sí lee esas órdenes camufladas, aunque para el ojo humano el documento parezca en blanco. En vez de tratar ese texto como referencia no fiable, el asistente lo interpreta como una instrucción legítima del usuario.
Cómo el documento de Word se convierte en un gusano malicioso
En la prueba de concepto, el prompt oculto hizo que Copilot cambiara en silencio cifras de un informe financiero. El asistente añadió después la misma instrucción maliciosa al documento generado, camuflada con el mismo truco de formato, de modo que el archivo de salida quedó igual de infectado que el original.
Ese nuevo documento puede repetir el ciclo en cuanto otro empleado lo use como contexto para pedirle algo a Copilot, sin que haga falta recuperar el archivo malicioso original. El experto ilustra el caso con un análisis de mercado manipulado que termina influyendo en un informe trimestral generado por Copilot. Si un compañero usa después ese informe para redactar un documento nuevo, la instrucción oculta puede ejecutarse otra vez y reproducirse.
El investigador describe así un gusano transportado por documentos, que se propaga por SharePoint, Teams, Outlook y OneDrive. Basta con que el documento malicioso llegue por correo o se comparta y alguien lo descargue, no hace falta más acceso al entorno de la víctima. Según la experiencia de Copilot, la víctima puede adjuntar ella misma el archivo o, en flujos basados en Work IQ, el propio asistente puede localizarlo en OneDrive sin que nadie lo señale de forma expresa. Esto amplía el riesgo más allá del archivo adjunto directo, sobre todo en empresas que dejan a Copilot buscar documentos de apoyo por su cuenta.
Aviso a Microsoft y los límites del parche
Todo ello se remitió al Centro de Respuesta de Seguridad de Microsoft hace unas semanas y la compañía confirmó el comportamiento desplegando varias mitigaciones para el fallo de seguridad.
Sin embargo, tras varios días de proceso de divulgación coordinada, el investigador acaba de constatar que las variantes modificadas del ataque seguían reproduciendo el mismo comportamiento malicioso. Los parches de Microsoft bloquearon las formulaciones concretas de la prueba de concepto, pero no resolvieron el problema de fondo. Así, un modelo de lenguaje necesita procesar el contenido de un documento y, a la vez, distinguir con fiabilidad qué es información de referencia y qué es una instrucción que debe obedecer.
Ese mismo fallo explica buena parte de los ataques de inyección indirecta que afectan a otros asistentes de inteligencia artificial, no solo a Copilot.
Qué podemos hacer mientras no hay una solución definitiva en Word
Mientras el problema de seguridad sigue abierto, la recomendación pasa por tratar cualquier documento externo como material no fiable antes de dárselo a Copilot, aunque parezca proceder de un socio o de una web legítima. Esto debemos hacerlo tanto si el archivo llega como adjunto directo como si Copilot lo recupera por su cuenta a través de Work IQ.
Y es que la confianza ciega en un archivo externo es precisamente lo que aprovecha este ataque para propagarse sin que nadie lo note. Por lo tanto, conviene además revisar a mano los documentos que Copilot genera o edita antes de distribuirlos, sobre todo los que contienen datos financieros, legales, operativos o, en resumidas cuentas, sensibles en cuanto a su contenido. Debemos vigilar la aparición de texto oculto, formatos extraños o cambios de contenido que nadie ha pedido.
