Un navegador web sin los ajustes correctos se comporta como una tienda con la puerta abierta de par en par, cualquiera podría curiosear entre los datos bancarios que dejamos a la vista. Antes de introducir un número de tarjeta en cualquier tienda online, conviene revisar unos pocos parámetros que casi todos los navegadores incluyen y que muchos de vosotros no tenéis activados.
El primer chequeo, y el más determinante, es el del cifrado de la conexión. Cada vez que una tienda nos pide el número de la tarjeta, el navegador debería mostrar el prefijo https:// en la barra de direcciones, junto a un candado cerrado. Ese símbolo certifica que los datos viajan cifrados entre nuestro equipo y el servidor; su ausencia basta para abandonar la compra.
El candado y el prefijo https, la primera comprobación
Y es que antes de teclear nuestros datos de pago, conviene mirar la barra de direcciones. El prefijo https:// y el icono del candado cerrado indican que la conexión está cifrada y que la información viaja protegida entre el navegador y el servidor del comercio. Si el candado aparece abierto, tachado o el sitio solo ofrece https://, los datos podrían quedar expuestos en texto plano dentro de la misma red.
La comprobación lleva solo un par de segundos. Los certificados de seguridad acreditan que el dominio pertenece a quien dice ser y que nadie ha suplantado la página para simular una tienda legítima. Al mismo tiempo, ayuda fijarse en que el dominio coincida exactamente con el de la marca original, sin letras cambiadas ni añadidos sospechosos. Ante cualquier duda sobre la validez del sitio, lo más sensato es cerrar la pestaña y buscar la tienda por otra vía antes de introducir el número de la tarjeta.
Cerrar sesión de verdad, no solo la pestaña del navegador
Cerrar la ventana del navegador no equivale a cerrar sesión en la tienda sospechosa. Los servidores mantienen activas las cookies de acceso durante un tiempo determinado, así que conviene buscar el enlace específico de cerrar sesión dentro del menú de usuario, en la zona donde figura el nombre de la cuenta. Solo ese paso invalida el token que mantiene la sesión abierta.
La misma cautela vale para el móvil: bloquear la pantalla evita que alguien que coja el teléfono acceda directamente a las aplicaciones de pago o carteras digitales sin contraseña. Dejar la pantalla desbloqueada mientras se espera un pedido es tan arriesgado como dejar la cartera abierta sobre la mesa. También ayuda revisar con prontitud el extracto de la tarjeta usada en la compra; detectar a tiempo un cargo extraño facilita reclamarlo antes de que se acumule algo más.
Extensiones, autocompletado y ordenadores compartidos
Algunas extensiones del navegador, como los gestores de cupones o comparadores de precios, piden permisos amplios para leer el contenido de las páginas, lo que en teoría podría darles acceso a lo que se escribe en un formulario de pago. Revisar la lista de extensiones activas y limitar sus permisos a los sitios donde realmente se necesitan reduce esa exposición sin renunciar a la comodidad.
En un ordenador compartido o público, la navegación privada ayuda a evitar que el historial y las cookies queden guardados para quien use el equipo después. En el mismo, conviene revisar de vez en cuando qué datos de autocompletado guarda el navegador, ya que cuantos menos queden guardados, menor será la exposición si el equipo se pierde. Una contraseña robusta y distinta para cada tienda, con letras, números y símbolos, igualmente dificulta que un tercero entre en la cuenta aunque consiga parte de esos datos.
