La mayoría de vosotros disponéis de un equipo de sobremesa propio que utilizáis a diario, ya sea por motivos personales o profesionales. El uso de alguna distribución Linux está cada vez más extendido en todo tipo de ámbitos, y quizá a muchos os interesa saber que podéis llevar vuestra distro siempre encima para usar en cualquier otro PC.
Al margen de Windows de Microsoft, las distribuciones de Linux de las que podemos echar mano en estos instantes son muy útiles para nuestros equipos de sobremesa. Gracias a los desarrollos de sus creadores, estas distribuciones cada vez están más al alcance de todo el mundo. De hecho cada vez son más los usuarios que se acostumbran a un determinado sistema operativo de este tipo que usan a diario en su ordenador.
Llegados a este punto, se puede dar la circunstancia de que a veces necesitemos usar el PC de otra persona por diversas razones. También se puede dar el caso de que nos veamos en la obligación de utilizar un ordenador público por alguna tarea en concreto. Sea cual sea la situación ante la que nos encontremos, sentarnos frente a un equipo que nos resulta completamente ajeno, nunca es agradable.
Pero a continuación os vamos a mostrar una excelente solución para todo ello. Además, tan solo vamos a necesitar disponer de una memoria flash USB y la imagen ISO de nuestra distro Linux favorita o a la que estamos acostumbrados.
Para qué necesito llevar mi instalación portátil de Linux
Lo cierto es que son varias las razones por las que nos podemos decantar por llevar una instalación propia y personalizada de nuestra distro Linux en una memoria USB. En primer lugar, por comodidad. Y es que, tal y como os hemos mencionado antes, para aquellos que trastean de manera habitual en ordenadores de otras personas, llevar su propio sistema operativo ya configurado y personalizado en todo momento, les resultará extremadamente útil a la vez que cómodo.
No tienen más que introducir su memoria USB en el equipo en cuestión y arrancar desde ese dispositivo para empezar a trabajar tal y como si estuviese en su casa. En segundo lugar, este tipo de movimientos nos resultarán muy útiles por motivos de seguridad. Por ejemplo, si habitualmente necesitamos utilizar equipos públicos o con conexiones abiertas para todo el mundo, llevar nuestro propio Linux y sus correspondientes aplicaciones siempre encima, nos proporciona un plus de seguridad a la hora de trabajar con esos ordenadores.
Y por último, también merece la pena saber que en más ocasiones de las que quizá nos gustaría, nos hemos visto en la obligación de echar una mano a amigos y familiares con problemas en sus PC. Enfrentarnos ante un equipo con su sistema operativo e intentar determinar los fallos que tiene, es complicado, sobre todo si son a nivel de hardware. Pero poder arrancar con nuestra distribución Linux favorita, que conocemos de sobra, y evaluar el estado del ordenador como tal, nos será mucho más fácil.
Como crear nuestra memoria USB con un Linux personalizado
Debemos tener en cuenta que hace años las unidades de memoria flash USB eran muy lentas, y arrancar desde las mismas era molesto. Sin embargo, en estos momentos la mayoría de las unidades flash modernas pueden alcanzar velocidades de hasta aproximadamente 1 gigabit por segundo. De ahí precisamente la utilidad de llevar nuestro propio sistema operativo de código abierto en un componente hardware de estas características, siempre encima.
Lo primero que necesitamos es descargar la ISO del sistema que vayamos a usar. Debemos elegir una distro «amable» que sea apta para USB: un Ubuntu, Linux Mint o Fedora suelen ir bien para la mayoría de los casos. Esto es esencial si queremos tener la máxima compatibilidad, evitando ediciones raras o muy minimalistas para empezar.
Una vez que disponemos de una memoria USB, recomendamos que, con un tamaño de 64 gigas o más, configurar esa instalación portátil de Linux es más fácil que nunca. Por ejemplo, desde Windows no tenemos más que bajar e instalar el programa Rufus. Esto lo logramos desde este enlace, y nos encontramos con una interfaz de usuario muy sencilla.
Y es que en el proceso de configuración no tenemos más que cargar la ISO como tal del Linux, y configurar algunos parámetros:
- Elegir el esquema del PC: si el ordenador es nuevo, seleccionar esquema de particiones GPT y sistema destino UEFI (no CSM). Si el sistema donde vamos a arrancar es antiguo, MBR suele ser el comodín.
- Sistema de archivos: FAT32 suele ser el que mejor encaja para arrancar en UEFI, aunque algunas ISOs grandes pueden forzar el uso de NTFS.
- Persistencia: si nos aparece el deslizable al cargar la ISO, debemos aprovecharlo. Dependiendo del uso que vayamos a darle al sistema, podemos ajustar el espacio: de 2 a 4 GB si somo vamos a hacer algunos cambios básicos (Wi-Fi, algunas configs); de 8 a 16 GB para un uso habitual y apps ligeras; y de 20 a 30 GB si lo que buscamos es «vivir» desde el USB (mejor 64 GB).
Ahora ya sí pulsamos sobre «Empezar» y el propio Rufus se encarga de todo lo demás para hacer que la memoria USB sea arrancable desde cualquier PC. Lo único que debemos tener en cuenta es si nos pregunta por el modo de escritura, ya que tendremos que elegir «ISO Image mode».
