Microsoft cerró el soporte oficial de Windows 10 el 14 de octubre de 2025, dejando sin parches de seguridad ni asistencia técnica a millones de equipos en todo el mundo. Pese a ese cierre de ciclo, una parte significativa de los usuarios de Windows sigue operando con esta versión, lo que multiplica la exposición a fallos de seguridad y a una obsolescencia progresiva que afecta tanto a particulares como a empresas.
En estos momentos, en torno al 30% de los usuarios del sistema de Microsoft siguen trabajando con Windows 10, lo que no es en absoluto recomendable. Si mantenéis Windows 10 en marcha a partir de ahora, el sistema queda congelado en el tiempo: cualquier vulnerabilidad que se descubra desde este momento no recibirá corrección oficial, por mucho que el equipo siga arrancando con normalidad.
Siempre tenemos la posibilidad de apuntarnos al programa de actualizaciones extendidas o ESU, pero esta es tan solo una solución temporal.
De ahí que a continuación repasemos los principales riesgos de seguir con Windows 10, ordenados desde la amenaza más inmediata (la seguridad del propio sistema) hasta las consecuencias que se acumulan con el tiempo, como la incompatibilidad de software, los posibles bloqueos en la nube o los problemas de cumplimiento para las empresas.
Exposición a ciberataques por falta de parches de seguridad
El riesgo más inmediato si mantenemos Windows 10 activo es quedar expuestos a ciberataques. Sin nuevas actualizaciones de seguridad, cualquier vulnerabilidad que se descubra en el sistema a partir de ahora permanecerá abierta de forma indefinida, porque Microsoft ya no publicará parches para corregirla. Los ciberdelincuentes lo saben perfectamente: millones de equipos sin actualizar representan un objetivo rentable para distribuir malware, ransomware y otros programas maliciosos diseñados para aprovechar fallos que nadie va a solucionar.
El patrón se repite cada vez que un sistema pierde el soporte oficial, los ataques más habituales no explotan fallos desconocidos, sino vulnerabilidades ya identificadas que en un sistema activo se corrigen en cuestión de días. En Windows 10 sin soporte, cualquier fallo nuevo en el núcleo, en sus servicios de red o en componentes como el protocolo de escritorio remoto se convierte en una vía abierta para los atacantes, capaz de comprometer tanto archivos personales como bases de datos corporativas completas.
Si el equipo forma parte de una red doméstica o de oficina, el riesgo no se limita a ese ordenador, un solo dispositivo comprometido puede servir de puerta de entrada al resto de la red.
Incompatibilidad creciente con navegadores y programas habituales
El software que utilizamos cada día también empezará a resentirse. Los desarrolladores de aplicaciones de uso masivo, desde suites ofimáticas hasta editores de vídeo o programas de gestión, suelen retirar el soporte de versiones antiguas del sistema operativo para concentrar sus recursos en las más recientes. Con el paso de los meses, esto puede traducirse en actualizaciones que dejan de instalarse, funciones que se desactivan o programas que simplemente rechazan ejecutarse si detectan que seguimos en Windows 10
El caso de los navegadores es el más delicado para vuestra seguridad, porque son la principal puerta de entrada a Internet. Si Chrome, Edge o Firefox dejan de actualizarse en Windows 10, el problema no será solo perder funciones nuevas, ya que el navegador quedará sin los últimos protocolos de cifrado y sin las correcciones que tapan los fallos críticos que se descubren cada semana en la red.
Entrar en la banca online, revisar el correo electrónico o completar una compra desde un navegador desactualizado convierte una tarea cotidiana en una operación con un riesgo real de robo de credenciales y datos bancarios. Lo mismo ocurre con las extensiones y complementos que utilizáis para gestionar contraseñas o bloquear publicidad, si el navegador base deja de recibir actualizaciones, esos complementos también pierden fiabilidad con el tiempo
Bloqueos en servicios en la nube y herramientas de trabajo
Los servicios que dependen de la nube, como las plataformas de correo corporativo, las herramientas de videollamada o el almacenamiento remoto, suelen exigir unos requisitos mínimos de seguridad para garantizar la integridad de los datos que gestionan en sus servidores. Un sistema operativo sin soporte oficial no cumple esos estándares, por lo que no sería extraño que estas plataformas empezaran a restringir el acceso, o directamente lo bloquearan, desde equipos que sigáis ejecutando con Windows 10.
Esa restricción golpearía de lleno al teletrabajo y a la operativa diaria de cualquier organización. Si el personal de una empresa pierde acceso a sus herramientas de comunicación interna o a los archivos que comparte con clientes y proveedores por un bloqueo de compatibilidad, la actividad se detiene de golpe. Si teletrabajáis o dependéis de este tipo de herramientas en vuestra jornada, mantener Windows 10 deja de ser un asunto que afecta solo a vuestro equipo individual y pasa a condicionar la operativa de departamentos enteros, con el coste económico que eso implica
Periféricos y hardware reciente sin drivers disponibles
Los fabricantes de impresoras, escáneres, cámaras web o tarjetas de expansión concentran el desarrollo de controladores en las versiones de Windows que siguen recibiendo soporte activo. Con el tiempo, los dispositivos que se lancen al mercado a partir de ahora podrían no contar con los drivers necesarios para funcionar correctamente en Windows 10, simplemente porque nadie los habrá desarrollado para esa versión. Esta obsolescencia no es inmediata, pero se acelera con cada nueva generación de periféricos que sale al mercado sin pensar en sistemas operativos retirados.
Algo similar sucede con las tarjetas gráficas y los adaptadores de red más recientes, cuyos controladores se optimizan primero, y en ocasiones en exclusiva, para las versiones de Windows que Microsoft sigue actualizando.
El ordenador seguirá encendiéndose y realizando tareas básicas sin problema, pero quedará cada vez más aislado del hardware que se lance a partir de ahora. Sustituir una impresora averiada o conectar una unidad de almacenamiento reciente puede topar con que el sistema, sencillamente, no tenga las instrucciones necesarias para reconocer ese dispositivo. A la larga, esa falta de compatibilidad suele forzar un cambio de equipo completo antes de lo que teníais previsto, incluso si el ordenador sigue funcionando con normalidad para el resto de tareas.
