Es muy probable que los habituales de Internet, con los años, se hayan acostumbrado a diversos métodos de seguridad a la hora de acceder a determinadas páginas web. Es casi inevitable que de vez en cuando nos encontremos con un sitio que nos exige demostrar que no somos un robot.
En algunos casos, se nos pide que pinchemos o deslicemos un botón, resolvamos un rompecabezas o incluso juguemos a un sencillo juego. La razón de ser de todo ello es que son pruebas que los bots no van a superar en la mayoría de las ocasiones. Para que nos hagamos una idea, estos elementos de seguridad y autenticación son los que se conocen como CAPTCHA.
Historia del autenticador CAPTCHA y cómo ha evolucionado
Su principal objetivo es bastante claro y no es otro que proporcionar una prueba o experimento que determine si somos humanos o bots. De hecho, se podría decir que los mencionados CAPTCHA suponen un importante método de seguridad para los desarrolladores y poseedores de las webs que visitamos.
Son precisamente los bots en Internet los que han llevado a la creación de los CAPTCHA. Y no solo esto, ya que cada vez deben ser más complejos. Su historia se remonta a finales de los 90 y principios de los años 2000, cuando Internet empezó a popularizarse. Fue entonces cuando la gente descubrió que podía crear programas para navegar automáticamente por sitios web y realizar acciones en su nombre.
Así podían extraer direcciones de correo electrónico u otra información útil de estos sitios web. Al mismo tiempo podían enviar spam para mejorar el posicionamiento de sus proyectos en los buscadores. Incluso era muy fácil ejecutar ataques DDoS saturando el sitio con solicitudes falsas.
Para protegerse, los desarrolladores web empezaron a implementar estas barreras basadas en la prueba de Turing. Los CAPTCHA mostraban fragmentos de texto distorsionados, borrosos y desordenados, y había que escribir lo que se veía para superarlos.
Los bots, incluso con la tecnología OCR, no podían sortearlos. Pero la tecnología OCR mejoró tanto que los bots podían descifrarlos fácilmente. Así que, sobre el año 2010, apareció un nuevo tipo conocido como reCAPTCHA. En lugar de texto, presentaba un desafío basado en imágenes, que además adquirió Google. Así, estos métodos de seguridad empezaron a mostrar cuadrículas de imágenes de bicicletas, coches, semáforos, señales de tráfico, escaleras, etc.
Por aquel entonces, la tecnología no estaba lo suficientemente avanzada como para identificar objetos en el espacio. Pero ahora y en gran medida gracias a la IA, estos métodos de seguridad han tenido que volver a reinventarse.
Así son los CAPTCHA más modernos
Al tiempo que la tecnología avanza y la capacidad de los bots de Internet es cada vez más potente, los desarrolladores de estos elementos de autenticación también evolucionan. Así, las versiones más recientes de reCAPTCHA, intentan que todo el proceso sea invisible. De este modo, funcionan en segundo plano, monitorizando la huella digital de nuestro navegador, la velocidad de escritura o los patrones de desplazamiento y movimientos del ratón. Todo ello para determinar si somos humanos o no. Su funcionamiento es más sencillo que nunca; simplemente tenemos que hacer clic en un botón y ya se determina si somos humanos.
De igual modo, actualmente se usan CAPTCHA más complejos donde, por ejemplo, tenemos que cambiar la rotación de un objeto o resolver un rompecabezas que requiere razonamiento humano.
