Linus Torvalds, creador y mantenedor del kernel de Linux, ha explicado en el Open Source Summit Europe que ahora disfruta usando inteligencia artificial para programar, después de haber sido escéptico con la tecnología. Sus declaraciones llegan en pleno debate dentro de la comunidad de código abierto sobre si el contenido generado por IA debe tener cabida en los proyectos.
Torvalds lo contó en una conversación con Dirk Hohndel durante el evento. Antes de hablar de inteligencia artificial, aclaró cuál es su papel actual: ya no hace mucha programación del kernel en sí, porque actúa como mantenedor, mientras otros desarrolladores llevan el peso del trabajo diario y él se limita a recoger ese esfuerzo colectivo. Aun así, nos cuenta que sigue disfrutando de programar, y ahí es donde entra la inteligencia artificial en su discurso.
De la desconfianza al entusiasmo: así ve Torvalds la IA hoy
Torvalds admite que su opinión sobre la IA ha cambiado por completo en los últimos tiempos. Antes pensaba que «no era muy buena», pero ahora la describe como una herramienta maravillosa si se usa de forma correcta y se la trata como lo que es: una herramienta más, no un sustituto del criterio de quien programa.
Así lo resumió él mismo durante la charla: «Antes pensaba que no era muy buena, pero ahora estoy en el punto de que realmente me gusta usar la IA. Para ser justos, yo no hago mucha programación del kernel. Soy mantenedor. El kernel de Linux es un proyecto donde otras personas hacen el trabajo real y yo actúo como punto de recogida. Pero sigo disfrutando enormemente de programar. Creo que la IA es una herramienta maravillosa si la usas correctamente y la tratas como una herramienta, y creo que hace que programar sea mucho más divertido». En esa frase queda claro el matiz que nos interesa subrayar aquí: habla de entusiasmo, pero marcado por condiciones.
Un pedal de guitarra en C y su versión en Java
Torvalds recurre a la inteligencia artificial sobre todo para cubrir sus propias carencias técnicas, no para que la máquina haga todo el trabajo por él. El ejemplo que puso durante la charla es bastante concreto y nos sirve para entender cómo la usa en la práctica.
Estaba programando un pedal de guitarra en C y, aunque logró que funcionara, el resultado le parecía estéticamente «de los años 80». Para comparar, le pidió a la IA que generara algo equivalente en Java, un lenguaje que él mismo admite no tocar: «yo no hago Java, hago kernels». El código resultante era, según sus propias palabras, bastante feo, pero cumplía esencialmente la misma función que lo que él había escrito en C.
Este caso ilustra la frontera que él mismo traza entre el uso recreativo y el uso serio de estas herramientas: un pedal de guitarra programado por diversión es terreno abonado para experimentar con un lenguaje que no domina, algo bien distinto de tocar el núcleo del sistema operativo que mantiene a diario.
El vibe coding y la comparación con sus inicios en 1981
Torvalds relaciona directamente el auge del vibe coding (crear aplicaciones dando instrucciones a una IA en lugar de escribir el código a mano) con sus propios comienzos en la programación. Para él, ambos momentos comparten algo: la posibilidad de ver con los propios ojos el efecto que tiene el trabajo de cada uno.
Cuando empezó a programar en 1981, los procesos eran mucho más simples y resultaba fácil comprobar el efecto que tenía el propio código sobre el sistema. El software actual, en cambio, se ha convertido en productos enormes y muy pulidos, hasta el punto de que, según explica, cuesta ver el valor de un pequeño esfuerzo individual dentro de ese conjunto. Por eso considera que los programadores que empiezan ahora y usan la IA para dar forma a sus ideas están encontrando «una forma maravillosa de disfrutar programando», similar a la satisfacción que él mismo sintió al principio de su carrera.
Cuidado con el código crítico: límites marcados por Torvalds
Pese al entusiasmo, Torvalds traza una línea clara entre la experimentación y el software que de verdad va a usar otra gente. Pide «mucho cuidado» con los modelos de lenguaje cuando el resultado trasciende un proyecto personal o un prototipo.
Esa cautela se resume en dos ideas que repitió durante la charla:
- Vale para prototipos y proyectos personales: pruebas de concepto, experimentos o desarrollos que no van a producción, como su propio pedal de guitarra.
- Exige mucho cuidado en trabajo serio: cuando el código va a afectar a otras personas o a un proyecto real, defiende tratar la IA siempre como una herramienta, nunca como un sustituto del trabajo del programador.
Esta distinción conecta con el debate que vemos ahora mismo en buena parte del ecosistema del software libre sobre dónde trazar esa misma línea proyecto a proyecto.
La comunidad de código abierto no se pone de acuerdo sobre la IA
Las palabras de Torvalds llegan en medio de un debate que lleva meses calentándose dentro del ecosistema del software libre. No todos los proyectos tratan igual el código que llega firmado, de algún modo, por una IA.
Si repasamos las posturas, nos encontramos con tres bloques distintos: los mantenedores que han prohibido directamente el uso de IA en sus repositorios, los que lo permiten pero con reglas estrictas sobre cómo debe documentarse y revisarse esa contribución, y un tercer grupo que primero lo prohibió y, con el tiempo, volvió a permitirlo. Esta falta de consenso nos obliga, a quienes queremos contribuir, a revisar las normas de cada proyecto antes de enviar un parche, porque lo que es bienvenido en un repositorio puede ser motivo de rechazo automático en otro.
Lo que ha dicho Torvalds es su opinión personal como usuario de estas herramientas, no un anuncio de cambios en el proyecto que mantiene. Sus propias palabras lo dejan claro: habla de su experiencia como programador, no de una nueva política de contribución al kernel de Linux.
