De entre las muchas quejas que recibe la versión más moderna del sistema operativo de Microsoft, Windows 11, podemos destacar los requisitos de hardware exigidos por Microsoft. Prácticamente desde su puesta en escena, muchos usuarios se han visto ante la tesitura de que no pueden instalar este sistema en sus equipos.
De ahí precisamente que una buena cantidad de clientes en todo el mundo no se hayan tomado bien la noticia del fin de la vida útil de Windows 10. Aunque siempre se pueden apuntar al programa de actualizaciones extendidas o ESU que les ofrece la propia Microsoft, este tiene una fecha de caducidad.
A partir de ahí y para no poner en riesgo sus ordenadores, la mayoría se verá obligada a migrar a Windows 11 o decantarse por alguna otra propuesta como una distribución Linux. Y es que no todo el mundo puede permitirse el lujo de disponer de un ordenador con los componentes de hardware necesarios para que esta versión del sistema corra con fluidez.
Qué era Windows 7 Starter y qué ventajas ofreció
De ahí que, llegados a este punto, quizá muchos se pregunten por qué Microsoft no lleva a cabo un movimiento similar a lo que hizo en Windows 7. En concreto nos referimos a una versión reducida del propio sistema operativo en cuanto a sus requerimientos y a la que denominó Windows 7 Starter.
Por esa razón, esta versión del sistema operativo tuvo una aceptación en su momento y quizá Microsoft debería tenerla en consideración para el momento actual y su Windows 11. Estas eran algunas de las ventajas que nos proporcionaba esta versión reducida que os comentamos. Antes de nada, os diremos que se trataba de una versión especialmente diseñada para netbooks y ordenadores de bajo coste.
- Sus requerimientos de hardware se centraron en equipos modestos con procesadores de bajo consumo como los Intel Atom de la época.
- Tan solo estaba disponible para arquitecturas de 32 bits, menos exigentes y más asequibles.
- Era una edición de Windows 7 que no se vendía al público, sino que venía preinstalada en equipos nuevos.
- Incluía las funciones esenciales de Windows, pero con limitaciones para diferenciarlo de las ediciones Home, Premium, Professional y Ultimate.
- No podía unirse a un dominio empresarial.
- Carecía de Windows Media Center.
- XP Mode no estaba disponible en esta edición.
- No ofrecía funciones avanzadas de personalización como cambiar el fondo de pantalla desde su configuración.
- Carecía de funciones avanzadas de red, copias de seguridad y cifrado presentes en ediciones superiores.
- Solo nos permitía abrir tres programas a la vez en sus versiones preliminares.
Así debería ser una versión limitada de Windows 11
Es muy posible que la mayoría de los usuarios, o al menos aquellos que quieren pero no pueden migrar a la versión más reciente del sistema, agradezcan este tipo de movimientos por parte de Microsoft. Así es como debería ser el que podríamos denominar Windows 11 Starter.
- Ofrecería un menor consumo de recursos. Consumo de memoria RAM en reposo, entre 1,5 y 2,5 GB.
- Dispondría de muy pocos procesos activos.
- Arranque rápido del equipo.
- Sin aplicaciones innecesarias preinstaladas como TikTok, Spotify o Facebook.
- Instalación de pequeño tamaño que solo ocupa en torno a 10 GB.
- Cuenta local permitida desde el principio, por lo que no nos obligaría a iniciar sesión con una cuenta de Microsoft.
- La sincronización con la nube sería completamente opcional.
- Tendríamos un método de actualizaciones del sistema controladas. El usuario decide cuándo instalarlas en todo momento.
- Sin publicidad, ni sugerencias, ni contenido recomendado en el menú Inicio.
- Compatibilidad completa con programas Win32.
- Mantendría la compatibilidad con DirectX para la ejecución de juegos.
Es evidente que a estas alturas Microsoft es algo que no se plantea, al menos en lo que se refiere a Windows 11. Sin embargo, sí que debería tenerlo en consideración en futuros sistemas operativos para equipos de escritorio de la propia empresa que están por venir.
