El kernel de Linux ya no obliga a declarar el uso de inteligencia artificial en los envíos de código. La Cumbre de Maintainers celebrada en Praga ha retirado la etiqueta Assisted-by, mientras Linus Torvalds defiende abiertamente la integración de estas herramientas y califica de absurdo cualquier intento de vetarlas, aunque exige que los desarrolladores sigan entendiendo lo que programan.
El cambio altera la forma en la que se gestionan los parches y contribuciones al núcleo del sistema operativo. Hasta ahora, quien enviaba código debía identificar de forma explícita si un modelo de lenguaje había participado en su redacción. Ese requisito desaparece del manual de estilo oficial del proyecto que seguimos de cerca desde hace años.
Qué cambia en el kernel con la retirada de la etiqueta Assisted-by
La modificación principal afecta a los metadatos que rastreaban el origen asistido de los fragmentos de código. El formato exigido hasta ahora en los commits incluía la cadena «Assisted-by: LLM [TOOL1] [TOOL2]», donde el desarrollador sustituía los corchetes por la herramienta concreta empleada. Al retirar la documentación que imponía esta etiqueta, cualquiera puede enviar código generado por inteligencia artificial sin dejar constancia formal de ello en el repositorio.
La potestad para modificar estas directrices recae en la Cumbre de Maintainers, el órgano que reúne a los responsables de los distintos subsistemas del núcleo. Durante la reunión celebrada el 8 de octubre de 2026 en Praga, Chequia, se alcanzó el consenso necesario para descontinuar esta práctica. El anuncio se formalizó mediante un mensaje enviado a la lista de correo oficial del proyecto, donde podíamos leer: «The Maintainers Summit reached consensus to deprecate the Assisted-by tag. Remove the documentation requiring it».
El debate sobre si estas declaraciones aportaban transparencia real o simplemente añadían papeleo sin beneficio práctico para la revisión del código venía de atrás, aunque los maintainers no han detallado públicamente cuánto tiempo llevaban discutiéndolo antes de llegar a este consenso.
Por qué Torvalds considera un error prohibir la IA
La retirada de la etiqueta reavivó el debate en los foros de desarrollo. Algunas voces sostenían que eliminar estas declaraciones cambiaba las expectativas del proyecto sobre lo que se espera de los contribuidores. Torvalds respondió sin matices, calificando, literalmente, de «utterly stupid» (completamente estúpido) cualquier intento de prohibir el uso de estos modelos. Para el creador de Linux, obsesionarse con el origen del código es un bloqueo mental que no resuelve nada.
Para desmontar lo que considera un razonamiento sin sentido, plantea un escenario hipotético: prohibir el uso de compiladores y exigir que todo el código se escriba en lenguaje ensamblador, de modo que cada contribuidor demuestre que entiende lo que la máquina ejecuta a bajo nivel. Según su comparación, vetar la IA por no escribir el código desde cero equivale a imponer una competencia extrema e innecesaria en la capa más básica del sistema. Así resume su postura: «Do you not see how utterly stupid those kinds of rules would be?».
El segundo símil que emplea compara prohibir la IA con eliminar los editores de texto. Obligar a escribir sin ayudas correctoras solo demostraría que alguien puede redactar un mensaje de commit sin errores tipográficos, algo que no aporta valor real al producto final. La exigencia de Torvalds no pasa por restringir herramientas, sino por que cada desarrollador entienda lo que está haciendo con su código.
Una postura que Torvalds mantiene desde hace meses
Esta reacción no es un giro repentino. Refuerza una línea pública que Torvalds mantiene desde hace meses, en la que defiende que la programación asistida resulta beneficiosa e incluso hace más llevadero el trabajo diario. Eso sí, siempre matiza que usar modelos de lenguaje exige una base de conocimiento sólida por parte de quien programa: la herramienta no sustituye el criterio técnico.
La postura abierta de Torvalds contrasta con la línea adoptada por otros proyectos clave del ecosistema. GCC, el compilador central detrás de buena parte del software libre, ha optado por rechazar de plano las contribuciones generadas por inteligencia artificial, una postura radicalmente distinta a la que ahora consolida el núcleo de Linux. Mientras unos proyectos optan por la transparencia obligatoria, otros, como ahora Linux, prefieren dejar la valoración del origen del código en manos de quienes revisan cada parche.
Qué implica el cambio para los que contribuyen al kernel
La deprecación de Assisted-by no exime de responsabilidad a nadie, aunque sí modifica la trazabilidad de las contribuciones. Para quienes usamos Linux en el día a día, el cambio resulta invisible en el funcionamiento del sistema, pero introduce ajustes en cómo se documenta el desarrollo. Os resumimos los puntos que cambian a partir de ahora:
- Los desarrolladores pueden integrar fragmentos generados por modelos de lenguaje sin añadir metadatos específicos en los commits.
- La responsabilidad sobre la calidad y la lógica del código seguiría recayendo, como hasta ahora, en quien envía el parche, según se desprende de las exigencias que Torvalds plantea a los contribuidores.
- Al desaparecer la etiqueta, ya no queda en el repositorio un registro explícito que permita distinguir a simple vista qué envíos contaron con asistencia algorítmica.
