Los diferentes modos de uso que con el paso del tiempo se ponen a nuestra disposición para sacar el máximo provecho a las plataformas de IA van en aumento. Una de las utilidades más extendidas es su ayuda a los programadores y desarrolladores de aplicaciones, aunque va mucho más allá.
A todo ello le podemos sumar otras modalidades ampliamente extendidas entre todo tipo de usuarios, tales como la generación de textos automáticos, imágenes o vídeos. Detrás de estas plataformas y asistentes inteligentes hay un trabajo de entrenamiento que posiblemente ha tardado varios meses en llegar al punto actual. Todo ello con el fin de ofrecer a los usuarios la mejor respuesta e intentar evitar por todos los medios los errores y alucinaciones.
Lo cierto es que para sacar el máximo provecho a estas plataformas de inteligencia artificial, al margen de elegir la que más se adapta a nuestras necesidades, la experiencia también juega un papel clave. Y aquí nos referimos a la experiencia por parte de los propios usuarios, que poco a poco van conociendo cómo tratar a estos componentes tecnológicos que cada vez forman parte más importante de nuestras vidas.
Ahora os vamos a hablar de un error que muchos cometen y que deberíamos intentar evitar a toda costa. En realidad, nos referimos a que muchas personas comienzan a trabajar con una determinada IA, indicándole al asistente que se imagine que es experta en la tarea que desean que realice. En un principio pensamos que la IA, de esta manera, va a poner una mayor atención a su tarea y nos va a ofrecer respuestas más avanzadas o profesionales.
Por qué la IA falla más si le pides ser experta en algo
Pero en realidad no es así, ya que ahora y según los expertos, realizar esta indicación a una inteligencia artificial resulta inútil e incluso perjudicial. Y es que actualmente es común encontrar guías online que incluyen frases que indican a la IA que es un desarrollador experto encargado de crear una aplicación web completa desde cero, por ejemplo. Sin embargo, los analistas en estas lides que han investigado este enfoque informan normalmente que esto no se traduce en resultados mejores.
Hay que decir que en tareas como la escritura o la simulación de roles y la seguridad, la asignación de ciertos perfiles sí podría mejorar el rendimiento del modelo de lenguaje. Por el contrario, para tareas que dependan del entrenamiento, como las matemáticas y la programación, esta técnica se traduce en la obtención de peores resultados.
La principal razón de todo ello parece ser que indicarle a un modelo que es experto en un campo no le añade ninguna experiencia real adicional. Como os podéis imaginar, esto no añade más datos a los predeterminados del entrenamiento. Es más, indicarle a un modelo de lenguaje que es experto en un campo específico dificulta su capacidad para obtener información de dichos datos en determinadas circunstancias y modos de uso.
Esto significa que al pedir a la IA que lleve a cabo una tarea en concreto y asignarle un perfil de experto, tiene un rendimiento inferior al del modelo base. Es preferible asignar a la inteligencia artificial un perfil más concreto con base en la tarea asignada a priori: profesional en seguridad, en redacción de textos, diseñador gráfico, etc.
Es más, la mejor solución en estos casos, como nos indican diversos estudios en este sentido, es no añadir nada en forma de perfil. Basta con indicar la consulta a la IA para después obtener la correspondiente respuesta, sin más.
