OpenAI activó el pasado año un sistema de control parental para ChatGPT que nos permite vincular la cuenta de un adulto con la de un menor y decidir qué puede hacer con la inteligencia artificial. La medida llegó justo cuando la compañía preparaba contenidos para adultos verificados, así que conviene repasar qué cubre realmente esta herramienta y qué se le sigue escapando.
En un principio la compañía exige, según sus términos de uso, un mínimo de 13 años para abrir una cuenta propia, y hasta los 18 hace falta el consentimiento de un adulto. Para vincular las cuentas, lo primero que tenemos que hacer es entrar en la versión web de ChatGPT, abrir Configuración, pulsar en Controles parentales y enviar una invitación por correo electrónico o número de teléfono al menor. Este debe aceptarla para completar el vínculo.
Qué ajustes controla la cuenta vinculada al adulto
Una vez aceptada la invitación, podemos entrar en el perfil del menor y mover varios interruptores. Así, tenemos la posibilidad de reducir el contenido sensible de las respuestas, impedir que sus chats se usen para entrenar el modelo, bloquear la memoria de conversaciones, desactivar el modo de voz o la generación de imágenes, y fijar una franja de horas de silencio en la que la cuenta queda inactiva.
Esa franja admite un único horario, sin distinguir entre días de la semana. El menor ve las mismas opciones en su cuenta, pero no puede modificarlas, solo puede desvincularse cuando quiera. Si lo hace, el adulto recibe una notificación y un correo de aviso inmediato, y recuperar el control exige repetir la invitación desde cero tal y como os hemos descrito.
Límites del filtro cuando llega el contenido para adultos
Ninguno de estos ajustes deja leer el contenido de las conversaciones a los padres, sino que el sistema avisa cuando detecta señales de una posible crisis emocional en el menor, pero no muestra el texto del intercambio, así que la supervisión se queda a medio camino entre el control y la privacidad.
Sam Altman, consejero delegado de la compañía, explica que la medida responde al principio de tratar a los usuarios adultos como adultos, pero no detalla qué documentos o procesos usa la empresa para comprobar la edad real de quien solicita ese contenido.
Hasta que esa pieza quede definida, el control parental que vincula cuentas sigue siendo la barrera más visible entre un menor y el resto del catálogo de ChatGPT. Por eso conviene combinarlo con la supervisión habitual en casa, es decir, hablar con los hijos sobre qué le preguntan a la IA y revisar juntos, de vez en cuando, qué opciones tienen activadas.
En resumidas cuentas, podemos afirmar que los controles parentales de ChatGPT no funcionan como un sistema de espionaje del historial. Su objetivo es más bien que los padres puedan limitar determinadas funciones de la plataforma inteligente, así como reducir la exposición a contenido sensible. Igualmente es muy útil a la hora de establecer horarios de uso y recibir avisos ante determinadas situaciones de seguridad. Pero todo siempre manteniendo la privacidad de las conversaciones del propio adolescente en su cuenta personal.
